Colombia dividida entre la paz y un futuro incierto

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El 26 de septiembre fue firmado en Cartagena de Indias el acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las FARC. El acuerdo final suscrito por el Gobierno y las FARC será sometido a la votación de los colombianos en un plebiscito que tendrá lugar el próximo 2 de octubre. El elector se encontrará a la hora de votar con una pregunta para la cual solo existen dos opciones: un sí o un no. Redactada por el presidente Santos, la pregunta dice así: “¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”. A cualquier observador extranjero el voto por el “No” debe de resultarle incomprensible, como si su depositario fuese amigo de la guerra.

Atrás quedarán 52 años de conflicto armado, con un balance de más 220.000 muertos y 8 millones de víctimas. Por delante también está el enorme reto del post conflicto, con la incorporación de la guerrilla marxista-leninista a la vida política de Colombia. El país sudamericano necesitará la ayuda de la comunidad internacional: los expertos calculan en unos 31.000 millones el coste de la próxima década de postconflicto. El presidente colombiano Juan Manuel Santos está convencido de que la paz con el principal grupo guerrillero dará un empujón a la economía colombiana, “la guerra siempre es más costosa que la paz” ha declarado en una entrevista a la BBC.

Los expresidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana lideran la campaña por el “No” en el plebiscito porque creen que los acuerdos otorgan impunidad a las FARC. Uribe, de quien Santos fue ministro de Defensa en los años de dura ofensiva contra la narcoguerrilla, ha enviado el siguiente mensaje a los invitados internacionales: «Vienen aquí a avalar una amnistía al narcotráfico y una amnistía disfrazada a otros delitos atroces».

Pastrana, que estuvo tres años negociando con el grupo, entonces liderado por «Tirofijo», afirmó en una reciente entrevista a ABC que “Las FARC se acabarán como guerrilla, pero seguirán como cártel”.

Otra de las voces críticas es la del director de Human Rights Watch para America Latina, el chileno José Miguel Vivanco, que expresó “serias reservas sobre el componente de justicia de este proceso de paz”, aunque celebró el pacto, como una “extraordinaria oportunidad”. Vivanco, que ya había expresado anteriormente sus críticas a algunos puntos del acuerdo de paz, le pide a Santos “que la legislación de implementación del acuerdo establezca de forma clara que criminales de guerra y de lesa humanidad no podrán participar en política o ejercer cargos públicos, por lo menos, hasta que hayan cumplido las sanciones impuestas por la Jurisdicción Especial para la Paz”.

Otra voz que manifiesta cierto escepticismo es la del Presidente del Senado colombiano, Mauricio Lizcano, quien considera que las FARC tendrán obligatoriamente que reconciliarse con el resto de Colombia, de la misma manera que víctimas que las han perdonado, para poder alcanzar la paz del país. “Los colombianos esperamos primero un gran arrepentimiento por parte de la FARC y no sólo para casos puntuales, porque todos los colombianos fuimos víctimas, y yo también siento que ellos van a tener que entrar en una forzosa reconciliación con la sociedad civil“, manifestó Lizcano en una entrevista con Efe en Cartagena.

¿Cúales son los argumentos de los que apoyan el proceso de paz y los acuerdos alcanzados? El primero es que el precio de la paz exige un “sacrificio de la justicia”. Si se hubiera insistido en aplicar la justicia como exige la ley, no habría acuerdo, ni firma en Cartagena. No hubiera tenido ningún sentido que el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, abriera negociaciones hace cuatros años con los líderes de las FARC sin haber aceptado primero que tendría que protegerlos de los castigos por haber sido asesinos o secuestradores. Los guerrilleros de las FARC piensan que las atrocidades que cometieron tuvieron un fin noble y, nunca hubieran firmado un acuerdo que no les pusiera a salvo de la justicia. El dilema se reduce a una formulación aún más escueta: ¿perdonar o no perdonar? O como insisten una y otra vez los que hacen campaña por el no: “¿Cómo vamos a perdonar a semejantes criminales?”. La respuesta es que no hay que perdonarlos. El secreto de la paz consiste en tragarse la bilis y poder convivir con ellos, o, como mínimo, en no sucumbir al impulso animal de querer matarlos.

Respecto a los argumentos de quienes están en contra, uno de los puntos que genera mas polémica es la incorporación a la vida civil y política de los terroristas de las FARC. El nuevo partido que surja, cuando los enviados de la ONU comprueben que el desarme es auténtico, tendrá asegurada su presencia en las cámaras legislativas, con al menos cinco escaños en cada una, aunque no hayan logrado el número de votos suficientes. En las conversaciones de paz además, se ha suspendido el Estado de Derecho colombiano y se ha creado una justicia provisional transitoria que garantice a los insurgentes penas muy leves o impunidad, y hasta recursos económicos, para incorporarse a otro estilo de vida. Otro punto polémico es la no extradición de miembros de las FARC que hayan sido reclamados por EEUU por casos de narcotráfico.

En diez millones de hectáreas, dos veces el departamento de Antioquia, se formará una “economía campesina, familiar y comunitaria” que dominarán económica, social y políticamente las FARC, que nunca, ni ahora mismo, han renunciado a su credo marxista leninista; su modelo agrario ha sido tomado de Cuba, Venezuela, Corea del Norte y China antes de que se volviera capitalista.

El acuerdo contiene muchas mas medidas. El texto firmado contiene casi 300 páginas, una especie de texto legal paralelo a la legalidad vigente, texto que se ha calificado de supraconstitucional.

En todo momento en las conversaciones estuvo presente un último chantaje: si no se pactaba lo que convenía a los delincuentes, estos seguirían matando, violando y traficando con drogas, como habían hecho hasta entonces. El Estado, que representa a 45 millones de colombianos, aceptó las humillantes condiciones de las FARC, que son apenas siete mil guerrilleros.

Mi conclusión es que es muy factible que el sueño loable de la paz en Colombia se convierta en una gran pesadilla.

Nicaragua: Asuntos de familia

 

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En noviembre además de en los EEUU, también hay elecciones presidenciales en Nicaragua.

Nicaragua, un pequeño país centroamericano de solo 6,2 millones de habitantes que tiene la segunda renta per cápita más baja de la región.  De Nicaragua casi no hay noticias, no se escucha nada desde los tiempos de la operación “Contra”, tras la feroz dictadura de Somoza, régimen brutal para el que se acuñó la tan después usada denominación “nuestro hijo de puta”.

En 1985 llegó al gobierno Daniel Ortega, perteneciente a una de las sagas jerarcas de Nicaragua. Ortega había estudiado en la Universidad Patricio Lumumba de Moscú. José Daniel Ortega Saavedra (1945), líder del partido político FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional) fungió como presidente de Nicaragua durante el período de 1985 hasta 1990 y retomó la presidencia en enero del 2007.

El programa sandinista estaba inspirado en el sistema cubano, con alguna influencia de los partidos socialistas europeos, llevando a cabo una política progresista con una total intervención del Estado, opuesto con el mantenimiento de la libertad de Mercado. En aquella época todos eran de izquierdas. La revolución nicaragüense fue casi una revolución literaria: Redistribuir tierra, derechos y cultura en un país pobre y durante la Guerra Fría era una aspiración noble. La vía nicaragüense consistía en hacerlo equidistante de Washington y de Moscú.

Las reformas comenzadas y la colaboración con los países del entonces “telón de acero” así como la intervención de ciudadanos nicaragüenses opositores al régimen sandinista, hacen que el gobierno norteamericano apoye y coadyuve, financie y organice la contrarrevolución, la famosa ‘Contra’, un escándalo en aquel tiempopara la administración Reagan .

En 2006 regresó Ortega a la presidencia. Era la época de los petrodólares chavistas, la oposición fragmentada y los grandes acuerdos de negocios, condiciones ideales para la perpetuación. La elección de 2011 le dio su tercer período, segundo consecutivo, ambas condiciones no permitidas e inhabilitantes según la constitución nicaragüense. A partir de ahí comenzó la auténtica regresión democrática: Reformas que otorgaron al Ejecutivo amplias facultades para legislar; Una buena parte de los medios de comunicación quedaron bajo propiedad del oficialismo; El presidente también pasó a controlar la justicia, las agencias de seguridad, la autoridad electoral y el Poder Legislativo. La reciente retirada del acta de 28 diputados de la oposición ilustra de manera concluyente, dejando sin ciudadanía a miles de votantes despojados de representación parlamentaria, en lo que se ha convertido el gobierno de Ortega. Por si fuera poco, la esposa del presidente, Rosario Murillo, es ahora candidata a la vicepresidencia, pero ya antes había sido portavoz del gobierno y ministro de asuntos exteriores, y varios de sus hijos son funcionarios de la presidencia. El nepotismo autoritario garantiza la concentración endogámica del poder.

Externamente, la permanencia en el poder de Daniel Ortega parece que reporta más beneficios que perjuicios. Para Washington, Beijing, Moscú o los potenciales inversores del mundo árabe, es perfectamente posible hacer negocios con un gobierno como el sandinista, que brinda inmejorables condiciones a la inversión extranjera, asegura la estabilidad interna de su país y provee un “recurso” tan escaso como necesario para la región: índices de violencia que se asemejan a los muchos países del Primer Mundo.

Con un empresario chino concretamente se ha empezado a desarrollar un megaproyecto que unirá los océanos Atlántico y Pacífico, proyecto que, si se realizase, pondría a Nicaragua en el mapa mundial.  Este canal que sería según científicos y expertos en medioambiente, un desastre ambiental de proporciones apocalípticas, que dejaría a decenas de miles de nicaragüenses sin sus tierras y sin comida y acabaría con un recurso tan valioso como el Gran Lago de Nicaragua. Un canal de Panamá, solo que nicaragüense. El mismo empresario chino está vendiendo grandes cantidades de armas al gobierno de Ortega, hecho que preocupa cada día más a su vecino Costa Rica, el país que decidió dejar de tener ejército.

“Ortega está orquestando una sucesión dinástica en Nicaragua”, aseguró el periodista Carlos Fernando Chamorro, director del semanario digital ‘El Confidencial’ de Nicaragua, así como del Centro de Investigaciones de la Comunicación, ambos con sede en Managua.

Esta una historia que se repite, un ciclo frecuente en la izquierda revolucionaria latinoamericana. Comienzan románticas y moralmente abnegadas, con una narrativa que cautiva. Luego viene la fase de la hipocresía, seguida por la corrupción, el enriquecimiento y el despotismo cuasi dinástico.

Un modelo saqueador de la riqueza de este país sumido en la pobreza, de rapiña desatada desde las instituciones del Estado, autoritario, antidemocrático, dinástico, en el que el país es gobernado de nuevo como una hacienda familiar. ¡Pobre Nicaragua!

Las elecciones se acercan

 

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Según se van acercando las elecciones presidenciales en los EEUU, se empieza a desatar el pánico sobre lo que vaya a ocurrir si Trump gana las elecciones. Esta preocupación aumenta a diario al hilo de las anunciadas medidas que el candidato tomaría, (si esto ocurriera), y que son un ejercicio errático y peligroso de prescripción política.

El multimillonario que se ha propuesto mudarse a la Casa Blanca, ha conseguido concentrar la atención de los medios en torno a su figura. No hay lugar en el mundo en el que se hayan pasado por alto sus frecuentes desplantes y salidas de tono. Durante una visita el pasado julio a la ciudad de Laredo, Texas, ciudad con mayoría de población mexicana, el político volvió a defender su teoría: “Un muro nos ahorraría mucho dinero”, puntualizó, “para evitar que entren en el país narcotraficantes, criminales y violadores”.

La lista de comentarios misóginos de Donald Trump es extensa y variada. Unas polémicas declaraciones en las que afirmó que no le gustaban las “cerdas gordas y animales asquerosos”, en las que, según sus propias palabras, se refería a Rosie O’Donnell, conocida actriz y presentadora de un programa de TV sobre asuntos sociales y de género.

A raíz de los atentados del club gay de Orlando se ha mostrado favorable a que haya un etiquetado racial a la hora de valorar a sospechosos: tener en cuenta la apariencia a la hora de parar a alguien por la calle o realizar un cacheo en el transporte público. Trump se enfrentó a la familia de un héroe de guerra caído en Irak; también sugirió públicamente a Rusia que piratease el correo de Hillary Clinton; animó a una rebelión armada contra ella; y afirmó que Obama era el fundador del Daesh. Ha sembrado en la población estadounidense rumores de fraude electoral meses antes de las elecciones.

La pasada semana durante un acto en Miami, el magnate ha vuelto a realizar varias declaraciones ambiguas que muchos han entendido como una incitación a la violencia contra su adversaria demócrata: “Creo que sus guardaespaldas deberían deponer todas las armas. Quítenles las armas. Veamos qué le pasa (a ella), Quítenles las armas, ¿OK? Será muy peligroso“, insistió el político republicano.

A la vista de todas estas controvertidas y escandalosas manifestaciones, cada vez son más quienes aseguran que su intención era quedar segundo y beneficiarse de la fama. Hay quien piensa que le ha podido el ego, como en el New York Times, pero otros hablan de auto-sabotaje a su propia campaña. También se ha hecho notar en las últimas semanas la desaparición de su esposa de la campaña, como algo perjudicial para el magnate.

¿Qué pasa si Trump pierde en noviembre? Si esto ocurriera, ni él ni sus seguidores se lo van a tomar bien. Lo que Trump ha estado haciendo todo el tiempo es dirigir a los estadounidenses hacia su visión del mundo intolerante y paranoico. Especialmente a la clase trabajadora de raza blanca, a los que les ha emborrachado de sus teorías supremacistas. El asesor de Trump, Roger Stone, proclamó que “si las elecciones se roban, habrá un baño de sangre al día siguiente“. El aspecto principal del fenómeno Trump es la incorporación del extremismo político a la vida política norteamericana.

Aunque parezca complicado según pasan los meses, la campaña de Trump se ha radicalizando, ha puesto al descubierto las debilidades en los medios de comunicación, y ha exacerbado el descontento. También ha generado desconfianza en el sistema de dos partidos.

Tanto si él gane o pierda, su campaña ya ha causado un cambio profundo y peligroso en la cultura política estadounidense. Cuando llegue noviembre, aunque que no sea oficialmente la “América de Trump”, los ciudadanos norteamericanos tendrán que aceptar el resultado y seguir viviendo en esta nueva América.

Comienzo de un nuevo año político

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En septiembre empiezan los colegios,  y cada año comienza un nuevo curso político.  El de este año se prevé intenso y apasionante. No me refiero sólo al español donde seguimos sin gobierno, con posibilidades reales incluso de tener nuevas elecciones en diciembre sin haber puesto en marcha apenas ninguna de las importantes medidas que se necesitan en España. Esto se podría definir como patético y peligroso para los intereses de los españoles. Pero con los líderes políticos que hoy en día tenemos es lo que hay, especialmente el del Partido Socialista, el Sr. Sánchez, tan histriónico y recalcitrante.

Es un curso político apasionante porque en Europa y Norteamérica llegan importantes procesos electorales con la posibilidad real de que formaciones populistas gobiernen o cuenten con la capacidad de influir en los gobiernos de sus países. Estos gobiernos deberán hacer frente a los grandes retos económicos, políticos y sociales que ocupan actualmente la política occidental, tales como la consolidación de la recuperación económica, la preservación del medio ambiente, o cómo hacer frente a la cada vez más peligrosa amenaza terrorista yihadista. Esto en lo que se refiere a la política doméstica. En lo referente a las relaciones internacionales, asuntos trascendentales son la búsqueda de una solución conjunta a las guerras en Oriente Medio, con sus trágicas ramificaciones en la crisis de los refugiados en Europa, la gestión de los desplazados por los conflictos bélicos y los subsiguientes problemas que conlleva la inmigración económica y social.

En este próximo curso político algunos importantes países occidentales van a vivir una serie de procesos electorales de gran importancia y trascendencia, y no sólo afectarán a cuestiones internas, sino como potencias que lo son, influyen en los acontecimientos del resto del mundo. A ellos se presentan formaciones que representan opciones políticas de muy distinta tendencia, índole y orientación. Por primera vez desde hace décadas estamos ante opciones políticas y sociales antagónicas, con propuestas de soluciones a esos grandes desafíos radicalmente opuestas, y que se disputarán el Gobierno de sus naciones.

No es el caso de lo que lleva ocurriendo en Europa desde la caída del Muro de Berlín, es decir la elección de un Gobierno entre una opción política más o menos liberal y otra más o menos socialdemócrata. O en los Estados Unidos la elección entre las opciones republicana o demócrata, con sus pequeñas y grandes diferencias. Hoy en Europa al igual que en los EEUU se presentan opciones políticas que están reclamando cambios sociales radicales y muy peligrosos en algunos casos, y que afectarán a  cuestiones clave que marcarán el porvenir de los ciudadanos.

El excéntrico e histriónico Donald Trump, partidario de levantar un muro de cemento en la frontera entre Estados Unidos y México, y que recientemente visitó el país azteca (¿quién le invitó, por cierto?). La visita fue inoportuna y ridícula, tanto para él como para el actual presidente mexicano Peña Nieto, a quién humilló nada más salir de México, en un mitin político en Alburquerque, Nuevo México, donde volvió a decir con sorna “Los mexicanos aún no lo saben, pero ellos van a pagar el muro”.  También se ha mostrado favorable a que haya un etiquetado racial a la hora de valorar a sospechosos. Es decir, a tener en cuenta la apariencia a la hora de parar a alguien por la calle o realizar un cacheo en el transporte público. Trump pugnará con la controvertida y no muy querida Hillary Clinton por la presidencia de su país el próximo mes de noviembre.

En Francia, el ultraderechista Frente Nacional de Marine Le Pen puede alcanzar la presidencia en las elecciones que se celebrarán en abril del 2017. Marine Le Pen es profundamente anti europeísta, y entre otras muchas medidas de corte populista propone sacar a Francia de la UE.

Los Países Bajos tienen elecciones generales en marzo. Hasta el momento, aunque no se han publicado hasta el momento encuestas electorales, quizás por lo poco halagüeños resultados que por el momento se vislumbran, el populista de extrema derecha Geert Wilders, líder del partido anti-Islam, Democracia y Libertad, está encabezando las encuestas electorales. Entre las propuesta de Wilders, muy centradas en la cuestión del Islam en Holanda, está el cierre de todas las escuelas islámicas y prohibir el Corán, todo esto en un país que tiene más de un 10% de población de religión musulmana, de origen turco y marroquí, en su mayoría.

El próximo 2 de octubre, Austria celebrará unas elecciones presidenciales en las se da por vencedor al candidato Norbert Hofer, también ultraderechista. Ese mismo día, el Gobierno húngaro ha convocado un referéndum en el que propone a sus ciudadanos romper con la política de inmigración que marca la Unión Europea.

Y en Alemania, Ángela Merkel y la CDU, se enfrentan a unos comicios parlamentarios  que serán probablemente en la segunda mitad de 2017. Merkel está cada vez más contestada por su política respecto a los refugiados y por la cuestión de los recientes atentados que se han producido en Alemania. Merkel tiene a su derecha un partido radical, la Alianza por Alemania (AfD), que recoge ese descontento y que ha salido victoriosa por el momento en feudos de Merkel y la CDU, Sajonia-Anhalt, Baden-Württemberg y Renania-Palatinado, en los que ha sufrido un duro revés.

Puede ser el curso en el que la extrema derecha llegue al poder en algunos países europeos. Y que el populismo  llegue al gobierno de los EEUU.  Debemos preguntarnos por qué están triunfando estas opciones populistas entre los ciudadanos. Parece que la historia se repite y no precisamente de forma satisfactoria. La cuestión política está que arde y va a estar muy excitante, sí. No sé si apasionante, pero si interesante y preocupante.

El grito de Venezuela

 

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El presidente del Parlamente Europeo, Martin Schulz, declaró durante una reciente visita a Colombia  que la democracia en Venezuela estaba en peligro y señaló que “los hechos en Venezuela son dramáticos y preocupantes“. Estas declaraciones sin dejar de ser verdaderas, son en realidad un eufemismo ante lo que está ocurriendo en el antaño próspero país sudamericano.

El pasado 1 de septiembre pasará a la historia como el día en que los venezolanos salieron masivamente y de forma pacífica  a la calle, para exigir la fecha del referéndum para conseguir la revocación del presidente Nicolás Maduro.  Entre los que participaron en esta marcha histórica está Rosana González, una jubilada de 84 años con un bastón para caminar y que hace colas todos los días para conseguir alimentos, los productos básicos. Ha perdido 15 kilos de peso debido a la crisis. “Nunca pensé que iba a llegar al final de mi vida con tantas privaciones. Mis cinco nietos están pasando hambre y necesidades”.

Pero no sólo los que se encuentran dentro del país tienen que sufrir privaciones: aquellas personas mayores que decidieron marcharse a España tras trabajar toda su vida en su país también sufren la recesión económica en el que ha sumido a toda Venezuela su presidente, Nicolás Maduro. Alrededor de 3.800 jubilados venezolanos residentes en España, un 60% de ellos exfuncionarios, llevan sin cobrar su pensión desde el año 2015, unos venezolanos que para Maduro son ciudadanos de segunda por vivir fuera del país.

¿Porque protesta la gente en Venezuela? Venezuela es un país en descomposición política, económica y social. Durante los últimos 18 años, el chavismo ha ido colonizando unas instituciones que ya tenían previamente una naturaleza parasitaria y las ha readaptado, corregidas y aumentadas, a las necesidades de su nuevo régimen y que han crecido más del 50% . Mientras el precio del petróleo se mantuvo por las nubes, se podían importar todos aquellos bienes básicos que no se producen en el interior, la mitad de todos los que se consumen en el país. Tras la crisis de 2014 la “política social” bolivariana implantó controles de precios a numerosos bienes y servicios, lo cual sólo ha acelerado el desabastecimiento interno  primero y la falta de los mismos actualmente.

Los venezolanos gritan contra el chavismo porque el chavismo los ha convertido en pobres. Cierto que no sólo gritan por ese motivo, sino también por recorte de las libertades civiles y políticas que padecen. Pero es difícil imaginar un nivel tal de oposición al régimen si la penuria no acompañara. Venezuela grita contra Chávez, contra Maduro y contra los oligarcas bolivariano-burgueses.

Aun así, el chavismo está listo para intentar neutralizar a los opositores y para eso emprendió una nueva ola de arrestos. En los últimos días, las fuerzas de seguridad del régimen han detenido mas de 25 opositores, y alguno ha desaparecido. Tampoco quiere el chavismo es que el mundo se entere de lo que ocurre en Venezuela. Por eso, el Gobierno de Maduro ante la gran marcha del 1 de septiembre, negó la entrada a varios periodistas de medios internacionales: César Moreno, de Radio Caracol de Colombia, Marie-Eve Detoeuf, del diario francés Le Monde, y John Otis, corresponsal de la radio estadounidense NRC, quien además informó de la detención de Jim Wyss del Miami Herald.

Es hora de que el resto del mundo también gritemos con firmeza contra el chavismo que es pobreza y dictadura. El Socialismo es pobreza y dictadura.

Ante lo que está ocurriendo en Venezuela, las declaraciones del presidente de la Organización de Estados Americanos, OEA, Luis Almagro me han parecido más acertadas. Para el mandatario los últimos acontecimientos del país latinoamericano confirman “el fin de la democracia”, y declaró que en Venezuela “hoy no rige ninguna libertad fundamental ni ningún derecho civil o político”,  calificando el Gobierno de Maduro como “tiranía y régimen de intimidación política”. Almagro ha sido mucho mas preciso y acertado en la definición de los hechos.