Brexit y otras fanfarronadas

 

 

El mapa geopolítico está reconfigurándose y las parecen no ser demasiado positivas para Europa. La elección de Trump va mucho más allá de la intención de que los estadounidenses recuperen sus fábricas u obtengan mejores condiciones en los tratados de libre comercio. No es solo proteccionismo, sino parte de un cambio que puede ser radical.

Un elemento esencial tiene que ver con el nuevo papel de EEUU en el mundo. Es la gran potencia militar mundial, la que concentra las mayores y más importantes empresas del sector financiero, de energía, y las que están desarrollando las mayores innovaciones en el entorno productivo. Las empresas fabriles estadounidenses ya no son a causa de la competencia, tan decisivas como en el pasado. En contrapartida, muchas de las firmas norteamericanas ligadas a Silicon Valley, desde Amazon hasta Facebook, están convirtiéndose en los actores dominantes en el nuevo contexto económico, y algunas otras, como Uber, Tesla o Airbnb, amenazan con hacerlo. Eso supondrá, si tienen éxito, que el dominio económico de EEUU se va a potenciar de una nueva manera, quizás intensa que en el pasado.

El que se espera sea el próximo embajador de los EEUU ante la UE, Ted Malloch, ha declarado que al euro le quedan 18 meses de vida; que 2017 será el de la celebración de elecciones decisivas en Europa, Francia, Alemania, Holanda, donde los europeos van a decidir si quieren seguir o no en la UE, y que el final del camino resultará inevitable. Por supuesto, de acuerdo con Malloch, el que la moneda común desaparezca y la UE se rompa no será ningún problema para los países que se marchen porque ahí estará EEUU para respaldarles. La apuesta ha quedado clara con el Reino Unido, al que ha ofrecido un tratado bilateral por la vía exprés si fuese necesario, y ese será el camino que utilice para reafirmar la posición de su país.

En la primera reunión del presidente Trump con un líder extranjero, la primera ministra británica Theresa May, medirán el viernes en la Casa Blanca si les une más el pragmatismo o la afinidad ideológica. Los dos políticos conservadores comparten el entusiasmo por el Brexit y la negociación de un acuerdo comercial bilateral. “Mientras finalizamos nuestra permanencia en la Unión Europea, tenemos la oportunidad de reafirmar nuestra creencia en un Reino Unido soberano, global y seguro de sí mismo, preparado para construir relaciones con viejos amigos y nuevos aliados”, apuntó May.

May busca convertirse en una aliada privilegiada de Trump. Pero la salida británica de la Unión Europea sitúa la llamada relación especial entre Washington y Londres en un momento de incertidumbre. No todo va a ser un camino de rosas para May: El Tribunal Supremo británico ha sentenciado que la instancia que en su momento (1972) autorizó la entrada del Reino Unido en la Comunidad Europea es la única que puede autorizar su salida. Es una sentencia de amplio espectro. Y que abre una discusión de gran interés: La mayoría de los diputados eran partidarios del Remain (quedarse) y muchos de ellos consideraban que Cameron había cometido un grave error político al convocar el referéndum. Se trataba, además, de una mayoría transversal, de conservadores, laboristas y liberales y de la que formaba parte el propio primer ministro.  Trump elogia el Brexit, pero la salida británica de la UE podría suponer para Washington la pérdida del mejor defensor de sus intereses en los pasillos comunitarios en asuntos de economía, seguridad y espionaje.

Mientras, dentro de la UE el responsable de Asuntos Económicos del Ejecutivo comunitario, Pierre Moscovici, ha manifestado que “El euro no va a colapsar, ni en 18 meses ni en 10 años ni en 20. No creo que [afirmarlo] sea un juicio muy informado“. Mientras los presidentes de la Comisión, el Consejo y el Parlamento Europeo han decidido mantener un perfil bajo de cara a la nueva administración estadounidense y sus más que inapropiadas opiniones sobre el futuro de la UE, Moscovici, parece dispuesto a convertirse en el paladín de la Unión. Moscovici intentó al principio ser más neutro, insistiendo en que “EEUU es un socio mayor para la UE, socio económico, estratégico, un aliado y amigo, y seguirá siéndolo. Pero al mismo tiempo hay un nuevo presidente con sus opciones políticas y un tono nacionalista y proteccionista“, indicó.

Cuestionado sobre una posible ruptura del euro, el ex ministro francés fue mucho más tajante. “No creo que sea un juicio informado. La moneda es un factor decisivo de unidad, no tiene ningún sentido intentar dividir a los europeos. Tenemos que reforzar la Eurozona, profundizarla, y la Comisión Europea hará su propuesta en su próximo libro blanco, para el 60 aniversario del Tratado de Roma“. En Bruselas irrita y mucho la posición de Trump, pero no quieren provocar más roces con la nueva administración norteamericana. Antes de provocar incidentes diplomáticos prefieren dejar que pase el tiempo e ir viendo cuáles son en la práctica, e ir más allá de la retórica: “Decepcionaremos a los que nos ven ya muertos. Deberíamos reflexionar en las palabras de Mark Twain sobre cómo los rumores de su muerte habían sido más que prematuros“, ha insistido Moscovici.

Hace 10 días tuvo que ser también Moscovici el que replicara al futuro agorero pintado por la nueva Casa Blanca: “Tener una Administración que desea el desmantelamiento de Europa es simplemente imposible. No acepto esta visión de las cosas y no creo que estos comentarios que glorifican la división de la Unión sean lo mejor para las relaciones euroatlánticas“. Parece que los asesores de Trump ligan el éxito de su política al frente de los EEUU a el fracaso de los demás, lo que sería muy pobre visión de las cosas. Se afirma que Trump está contra el libre comercio, pero quizás esté solo en contra de ese libre comercio cuando beneficia a países distintos del suyo.

Aunque está visión no corresponde sólo al nuevo gobierno de los EEUU: También fue pronosticado por el Profesor de economía de la universidad de Nueva York, el norteamericano Paul Krugman, premio nobel de economía en 2008, quien se considera a sí mismo moderno y liberal, y es alabado por la progresía norteamericana. Tienen más cosas en común de lo que parece. Habrá que ver si en Gran Bretaña, como también en la América de Trump, hay élites capaces de llevar a cabo los programas del Pueblo.

El año de las mentiras

 

Nunca hemos tenido tanto acceso a la información, pero nunca hemos estado tan sometidos a la manipulación, a la simplificación, y al embuste. Es la denominada ‘Post-verdad’.

2016 fue el año en el que el Reino Unido votó su divorcio de la UE culpando a los emigrantes y a los refugiados, sin haber recibido ninguno de los últimos en el sistema de cuotas. Los dos grandes líderes de la campaña, Boris Johnson y Nigel Farage, admitieron tras ganar el referéndum haber mentido en sus promesas utópicas. También en aquella que hablaba de recuperar para el Reino Unido 350 millones de euros que, supuestamente, se gastaba la Unión Europea. Los diarios británicos no quisieron o no supieron explicar que Reino Unido se negó a recibir en los meses previos a un sólo solicitante de asilo dentro del sistema de cuotas de reparto de refugiados. El número de los que cruzaron sus fronteras fue cero. El Brexit ha sido un exponente más de los choques alarmantes de legitimidades que los populismos esgrimen para poner fin al Estado de Derecho y a la democracia representativa en Europa.

El año 2016 pasará a la Historia como el año en el que un multimillonario disfrazado de ‘outsider’ que ha roto todos los pronósticos al alcanzar la Casa Blanca. Errático, políticamente incorrecto e impredecible en su forma de gobernarsu victoria puede provocar un profundo vuelco a la política estadounidense. Y a la mundial.

Fue 2016 el año en el que hubo un “casi-golpe de estado” en Turquía y mediante el que Erdogan oportunamente metió en la cárcel a decenas de miles de personas en Turquía acusadas de golpistas sin haber presentado una sola prueba contra ellas. Ahora Erdogan está a punto de hacerse con todo el poder, el poder absoluto, de una vez por todas, de forma que nadie se lo arrebate nunca jamás.

2016 fue el año en el que Asad arrasó Alepo matando a miles de civiles y utilizando armas prohibidas. Para muchos, se convirtió en el nuevo libertador de Oriente Próximo.

2016 fue el año el que Putin encarceló a la oposición en Rusia, incluida a la comunista, pero consigue galvanizar a muchos simpatizantes de izquierdas de todo el mundo por su puño de hierro con Occidente. También a Donald Trump, quién alabó la respuesta del presidente ruso a la sanción impuesta el jueves contra su país por el actual equipo de la Casa Blanca: “Un gran movimiento, ¡Siempre supe que era muy inteligente!”.

También fue 2016 el año en el que se observa que, después de la crisis económica del 2008, la más grande de los últimos tiempos, la izquierda socialdemócrata ha ido cediendo poder y perdiendo influencia en los principales países desarrollados.

Ya estamos en 2017. Europa, el mundo, están cambiando tanto que la quietud, la tranquilidad, ya no parecen el peor de los escenarios. Hay elecciones críticas en Holanda, Francia y Alemania y como la dea de la UE, de la integración, de la colaboración y la cesión de soberanía se ha convertido en un arma arrojadiza de primer nivel, París y Berlín van a tratar de no tomar grandes decisiones, anuncios ni nuevas estrategias, para no dar munición a los populistas. El escenario ha cambiado completamente en apenas unos meses. Tras el referéndum británico del ‘Brexit’ la UE se dividió en dos. Por un lado, los que como Francia querían más Europa. Por el otro, el bando liderado por Alemania, Holanda o Finlandia, los halcones económicos, que prefieren una pausa.

Reflexionar antes de actuar, consolidar antes de seguir. Parece obvio que la reacción de la ciudadanía ante una posible mayor integración no está siendo la deseada. Los referéndums en Europa, el griego sobre el rescate, ‘Brexit’, el húngaro sobre cuotas, el holandés sobre Ucrania o el danés sobre la participación en la UE en cuestiones de interior, el de Renzi en Italia, todos se perdieron. Los grupos euroescépticos proliferan. Por lo que los jefes de Estado y de Gobierno han optado por darse una treguaEl problema es que desde entonces al menos dos elementos nuevos han aparecido en la ecuación. Por un lado, Trump, cuyos mensajes inquietan mucho en Bruselas y que es posible que fuerce a los estados miembros a dar unos cuantos pasos en temas de Defensa y Seguridad común, ante el temor a que la OTAN, su escudo natural, se vea afectado por la que parece la nueva doctrina de los Estados Unidos.

En Gran Bretaña, Theresa May ha renunciado a su pretensión asimétrica de libre mercado para las mercancías europeas y británicas, frente a barreras para los ciudadanos que las producen. La inminente sentencia del Tribunal Supremo británico, que se pronunciará sobre el respeto a la soberanía parlamentaria frente a quienes se escudan en la voluntad popular, ha llevado a la primera ministra británica a anticiparse y despejar dudas sobre las actuaciones y posiciones de su Gobierno en torno a la retirada prevista de la Unión Europea.

 Avanzar, integrarse, crecer, es el movimiento natural de la UE, y queda muchísimo recorrido. Pero hacerlo sin plan, sin guía y sin objetivos se puede convertir en una amenaza igual o mayor. Una para la que Putin y los Eurófobos se están preparando.

“Estamos ante el inicio de una nueva era. Está marcada por el triunfo del miedo y de la ira, una descarada falta de respeto por la verdad, la xenofobia, el debilitamiento de las ideas liberales y el rechazo a los logros de la globalización económica, asegura David Held, profesor de política y relaciones internacionales de la Universidad de Durham, en Reino Unido. La tentación para los líderes que van a manejar en 2017 los puntos calientes de la geopolítica del planeta (Trump, Putin, Erdogan, Asad, Al Sisi, Le Pen, Wilders…) será abusar aún más de ese laboratorio de la post-verdad para ganar contratos, elecciones o guerras. Y la emoción le come cada vez más espacio a los hechos

Así empieza 2017. Feliz Año!

Una historia de espías

 

 

 

Durante estas últimas vacaciones de Navidad hemos contemplado expectantes  a diario el asunto de la crisis política motivada por la supuesta interferencia de Rusia en las últimas elecciones presidenciales norteamericanas y como dicha injerencia podría haber cambiado el rumbo de las elecciones y del resultado de las mismas. También ha saltado a la palestra un oscuro dosier sobre los posibles vínculos durante los últimos cinco años entre el próximo presidente de EE.UU. y el Gobierno ruso. Nadie quiso darle el suficiente crédito a dicho supuesto dossier como para sacarlo a la luz pública, pero la información ha estallado cuando queda apenas una semana para que Donald Trump jure su cargo.

Dicho dossier ha sido catalogado como ‘información sin verificar’ por todos aquellos medios que lo han publicado. Pero la realidad es que el contenido ha puesto contra las cuerdas al presidente electo durante su primera rueda de prensa después de varios meses, y tan sólo unos días antes de su jura como Presidente de los EEUU. Trump calificó el informe como ‘noticias falsas’, y ha culpado a las agencias de inteligencia de EE.UU. de estar detrás de dicho dosier. Según el informe, habría existido cierta connivencia entre Trump y el Gobierno de Putin para perjudicar al partido Demócrata y a su candidata Clinton durante las elecciones. Por otro lado, se dice en el mismo que Rusia podría estar utilizado la información recogida sobre el magnate durante varios años, información que incluiría una presunta orgía con prostitutas en un lujoso hotel de Moscú, con objeto de hacerle chantaje una vez que se convierta oficialmente en presidente de los EEUU.

Trump califica estos hechos e informaciones como una ‘caza de brujas’, aunque en los documentos se apunta a que la Inteligencia de Rusia tendría en su poder material e información comprometedora del magnate neoyorquino, tanto a nivel económico como personal. Ahora se ha sabido que dicho informe sobre la supuesta conexión del Kremlin con la campaña de Trump ha sido escrito por Christopher Steele, un ex espía del británico MI6. Steele, que durante los años 90 trabajó como espía en Rusia y que dirige la compañía privada Orbis Business Inteligence en Londres, se ha visto obligado a dejar su casa en Surrey y ocultarse en un lugar desconocido ante el temor a una represalia por parte de los servicios secretos rusos. En su informe, Steele concluye que Moscú lleva cinco años siguiendo la pista a Donald Trump y que ha acumulado suficiente material embarazoso, de comportamiento poco ortodoxo, con objeto de hacerle chantaje.

Pero eso no es lo más preocupante del informe. En el mismo se asevera que Trump ha estado recibiendo asistencia, apoyo e información del régimen ruso. La denominan ‘Operación Trump’ y ha sido dirigida directamente por Putin. El Kremlin habría estado proporcionando información e inteligencia sobre sobre sus oponentes en la carrera electoral. También contiene información sobre un dossier de información acumulada sobre la candidata Clinton a lo largo de muchos años, incluida la interceptación de comunicaciones, dirigido directamente por el portavoz del Kremlin, el Sr. Peskov, directamente bajo las órdenes de Putin.

En el informe se habla de conspiración continuada entre el equipo de campaña de Donald Trump al más alto nivel que incluiría al personal diplomático de Rusia en los EEUU, lo que incluiría el uso de hackers que estarían detrás de la aparición de los mails de Clinton en la plataforma WikiLeaks, con objeto de crear desconfianza y odio hacia la candidata demócrata. A cambio Putin recibiría inteligencia de los EEUU, especialmente sobre los oligarcas rusos, sus empresas y sus familias en los EEUU, y habría conseguido quitarse de en medio a la candidata Clinton a la que detesta.

En el informe de Steele se señalan datos y fechas, detalles de acciones y acontecimientos que hace muy difícil rechazarlo de antemano, tal y como ha hecho Trump: Asegura que no ha tenido ninguna relación con el Gobierno ruso que permita a Vladimir Putin chantajearle, como declara dicho informe, al que los servicios de espionaje de EEUU conceden la máxima credibilidad y cuya autenticidad está investigando el FBI. Lo único que Trump ha admitido, pero solo un poco, es que Rusia entró en los servidores del Comité Nacional Demócrata para sustraer información dañina para la candidata demócrata a la Presidencia, Hillary Clinton. Pero, a continuación, matizó sus palabras. “A EEUU lo ‘hackea’ todo el mundo. Eso incluye a China y Rusia y a todo el mundo“, apuntó Trump, en un nuevo ejemplo de su tendencia a hablar de China, un país que, al igual que México y Japón “nos estafa a los EEUU“, lo que suele decir siempre que se le pregunta por Rusia.

WikiLeaks ha señalado que el dossier “no es un informe de inteligencia. Ni el estilo, ni los hechos ni los datos muestran credibilidad“. Y el Kremlin se apresuró a tachar la revelación de “absoluta falsedad” destinada a “dañar las relaciones” entre ambos países. “Las fuentes son uno de los aspectos más endebles del informe de Trump”, escribía el periodista Luke Harding en “The Guardian”. Pese a los agujeros en estilo y contenido, este informe lleva semanas circulando en las alturas del poder americano. Aquí está la rareza. El senador de Arizona, John McCain, ha reconocido que el propio FBI se lo envió para su revisión.

Ahora existen dos posibilidades: si las acusaciones son verificadas, su carácter gravísimo podría desencadenar investigaciones, e incluso una posible impugnación que mine la presidencia Trump. Si fueran falsas o no confirmadas, agriará aún más las relaciones de Trump con la inteligencia norteamericana. Si el informe fuese verificado, se explicaría la postura favorable siempre de Trump hacia Rusia, sus cumplidos a Vladímir Putin y a su estrategia en Siria; la puerta abierta a reconocer la anexión de Crimea; de no responder, en el marco de la OTAN, a una agresión rusa en Europa; la negación a reconocer el ‘hackeo’ ruso del Partido Demócrata durante la campaña, pese a la insistencia de la inteligencia americana, así como el nombramiento de Rex Tillerson, ex Ceo de ExxonMobil y persona cercana a Vladímir Putin, como jefe de la diplomacia. Es irónico que se haya descartado a Mitt Romney como Secretario de Estado justo cuando su principal opinión en política exterior esté siendo reivindicada. Romney dijo en 2012 que Rusia “era el adversario geopolítico número 1 de los EEUU.

Trump ha reconocido al menos y por primera vezliderando que cuando lideraba otra gente”. El presidente electo repetido que quiere encontrar un espacio común con Rusia y ponerse duro con China.  Esto parece una jugada típica de servicios de inteligencia digna de un ex-coronel de la KGB, que de momento funciona, pero que ya ha empezado a hacer aguas antes de que Trump asuma su nuevo rol como Presidente de los EEUU. Pero de ser cierto lo que relata este informe, es decir, la violación de la norma más básica del Derecho internacional, la ‘no injerencia en los asuntos de otro país’ sería demasiado grave para los intereses de los norteamericanos, para los de los EEUU, porque su voluntad habría estado viciada, anulada y manipulada.