¿Que pasa con los paises del sur de Europa?

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Una de las características que debe tener cualquier político que presida un organismo intergubernamental es la capacidad para llevarse bien con todos los países a los que representa. Algo que, al presidente del Eurogrupo el holandés Jeroen Dijsselbloem, se le ha olvidado en los últimos días. Dijssembloem se olvidó del carácter institucional de su cargo cuando, con la mayor seriedad y sin atisbo de ironía, apuntó durante una entrevista en el Frankfurter Allgemeine a propósito de los países del sur de Europa, que “los países del norte de Europa han sido solidarios con los países afectados por la crisis del Euro“, mientras que los del sur se gastaban el dinero que les llegaba en copas y mujeres. Un comentario cargado de estereotipos y prejuicios impropio de un cargo de esa importancia entre los países del euro.

No es mala comparación para un ciudadano de los Países Bajos, donde se fuma marihuana en los coffee-shops y los escaparates de los burdeles de Ámsterdam son un reclamo turístico de acuerdo con su vieja tradición portuaria. Pero sobre todo constituye una expresiva muestra de solidaridad muy poco apropiada para un militante socialdemócrata. Dijsselbloem es miembro del PvDA, el Partido Laborista, que ha sido vapuleado en las recientes elecciones holandesas. Es un político de izquierdas. Y además es el responsable de una institución europea.

Dijsselbloem agravó su error en el Parlamento europeo al día siguiente, cuando se negó a pedir disculpas por esas frases insultantes, como le exigieron algunos eurodiputados. La presión sobre el holandés se incrementó y se extendió, como no podía ser de otra forma, a todos los gobiernos del sur de Europa. El ex primer ministro italiano, Mateo Renzi calificó de “estúpidas” sus palabras y pidió su dimisión inmediata. El primer ministro de Portugal, Antonio Costa, se sumó a las críticas y calificó sus palabras de “racistas, sexistas y xenófobas. El señor Dijssselbloem debe desaparecer. Hasta su familia política comunitaria, los socialdemócratas, han renegado de un “neoliberal con camiseta de socialista, machista y racista“. La lluvia de insultos cogió completamente desprevenido y muy tocado a uno de los políticos con más peso y proyección en la UE, al austero y riguroso moralista que desde 2013 ha llevado las riendas de la zona euro.

En su país están sorprendidos por la frase de Dijsselbloem, pero también por las reacciones. Creen que las acusaciones de racista y sobre todo de machista están fuera de lugar. Defienden que es una persona íntegra y uno de los políticos más decentes, acostumbrado a decir la verdad a la cara. “Lamento si alguien se ofendió por mi comentario. Fue directo y puede ser explicado por la estricta cultura calvinista holandesa. Sé que no es algo que siempre se entiende y se aprecia bien en toda Europa“, dijo esta semana en un forzado amago de disculpa.

El mensaje y la superioridad moral no son algo nuevo, algo que sorprenda. Yo misma lo he oído varias veces. Desde el inicio de esa crisis, los dirigentes de media docena de países que tienen tatuado en su ADN La ética protestante y el espíritu del capitalismo, de Max Weber, hacen continuamente comparaciones y chistes de dudoso gusto sobre los perezosos vecinos del sur que se gastan el dinero de los sufridos ahorradores bávaros o zelandeses en fiesta y sin trabajar. Aunque después no dudan en vacacionar en esos perezosos países del sur, fascinados por su belleza artística y de su naturaleza, su clima, sus mares limpios y azules, su comida y su estilo de vida, donde a veces asombran a los lugareños con su comportamiento, muy lejos de ser lo edificante y mesurado que pretenden proyectar.

La peligrosa presión del populismo está quebrando el principio de cohesión y replanteando el sentido de la solidaridad al entenderla como un problema: Trump en los EEUU con sus restricciones migratorias y la obligación a las compañías estadounidenses de invertir de los EEUU; el Brexit que ha empezado oficialmente hoy; el populista Wilders que estuvo a punto de ganar las elecciones en Holanda recientemente, quieren abandonar la UE para redistribuir la renta entre sus nacionales de origen, de tres o más generaciones. El pensamiento se ha contagiado también a la izquierda populista del sur de Europa: un falso progresismo populista que sólo admite la redistribución dentro de los límites de su aldea. En Italia, Beppe Grillo quiere abandonar la UE, también Marine Le Pen en Francia. En España, los independentistas catalanes se declaran cansados de financiar los subsidios de los vagos andaluces para que se pasen el día al sol y cantando flamenco, en sus romerías y ferias, como todo el mundo sabe.

Hace tiempo que Dijsselbloem tiene el cargo en peligro, aunque ha aguantado bien, sostenido por los equilibrios de la ‘partitocracia’ de Bruselas. En el ambiente comunitario su mentalidad cuenta con bastantes adeptos y de hecho es un importante lobby ideológico. Aunque eso no le ha servido para que setenta eurodiputados, principalmente del Grupo Popular Europeo, han enviado una carta pidiendo su dimisión por los comentarios racistas y sexistas. Dijsselbloem no debe permanecer ni un día más en la presidencia del Eurogrupo. Se niega a dimitir y ha justificado sus palabras por la “forma de hablar directa” de los holandeses, mientras que los eurodiputados consideran que “la cultura calvinista nada tiene que ver con menospreciar a otras personas. Respetar valores como la igualdad debe ser la primera obligación de cualquier líder europeo.” Es cierto que los holandeses son muy directos, pero eso no significa que sean ofensivos. De hecho, suelen ser muy tolerantes y políticamente correctos, quizás demasiado, y quizás con quien no deberían…

Un pensamiento en “¿Que pasa con los paises del sur de Europa?”

  1. Muy interesante articulo, Almudena….invita a reflexionar, a conocer mas, a aprender el sentir la expresión de las culturas.
    En cuanto a politica, siempre aprendo muchísimo con tus blogs
    Gracias por compartir !!!!!
    Felicidades

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