Autogolpe de Estado en Venezuela

La decisión del Supremo venezolano de usurpar las competencias del Parlamento y otorgar poderes extraordinarios a Nicolás Maduro es un hecho, sin precedentes, que constituye un golpe de Estado real. Según dicha decisión, siete magistrados nombrados a dedo por el chavismo sustituirán a los 167 diputados elegidos en las elecciones de diciembre de 2015. Además, a los diputados se les retira cualquier inmunidad parlamentaria.

Los diputados de la Asamblea nacional coinciden en calificar la sentencia 156 del Tribunal Supremo de Justicia como un golpe de estado que ha dado el régimen de Nicolás Maduro para consolidar la dictadura chavista. El Tribunal Supremo de Justicia es el brazo jurídico de Maduro que se ha dedicado a boicotear todas las decisiones emanadas del parlamento. Ha dictado unas 46 sentencias contra todos los actos legislativos emitidos por los representantes de la soberanía popular. Mientras ayer, el chavismo en las calles cantaba un grito de guerra: “¡Y va a caer, y va a caer, esta Asamblea va a caer!”.

Juan Miguel Matheus, representante del partido ‘Primero Justicia’, manifestó que “frente a la ficción jurídica y arbitraria del Supremo tribunal, está el pueblo de Venezuela y la Asamblea Nacional como representantes del verdadero poder real de la nación.” El opositor venezolano Leopoldo López, encarcelado desde hace varios años en un juicio farsa, como confirmó desde el exilio el juez que dirigió al tribunal que le juzgó, ha opinado que lo sucedido es la formalización de una dictadura, “Hoy, a través de una sentencia ilegal e ilegítima, el Tribunal Superior de Justicia decretó formalmente la dictadura que desde 2014 hemos denunciado en Venezuela.

La Organización de Estados Americanos, OEA, ha empezado ya a intervenir en la búsqueda de una salida que acorte la agonía del chavismo y reduzca los daños para los venezolanos y, todos los gobiernos democráticos, desde la UE, EEUU, Argentina, Perú, que incluso ha retirado a su embajador en Caracas, han condenado el autogolpe que constituye un paso más de la deriva autoritaria que ha convertido Venezuela en una tiranía. El secretario general de la OEA, Luis Almagro reiteró que el hecho de que el TSJ se atribuyese las funciones del Legislativo es “un procedimiento que no conoce de ninguna de las más elementales garantías de un debido proceso“. Como era de esperar, la respuesta de Nicolás Maduro fue como siempre la del ataque y el insulto. Por supuesto, el oficialismo cubano apoya a Maduro, manifestando que “se ha afianzado la legalidad”. Ridículo.

El golpe de Maduro contra el parlamento venezolano es una sentencia que marca un punto de no retorno de la dictadura que requiere del pueblo venezolano, de la sociedad civil, los partidos y sobre todo los diputados de la Asamblea, iniciar un nuevo proceso de movilización y resistencia democrática y cívica para enfrentar este golpe y recuperar la soberanía nacional.  Si no existe Parlamento no hay soberanía popular y tampoco república. Ayer decretaron la muerte del Congreso, pero en los últimos meses han ido cerrando medios de comunicación, universidades, comercios, partidos políticos y sindicatos.

El chavismo está viviendo sus últimos momentos, con la economía paralizada y la estructura institucional devastada por la corrupción, pero en la agonía es cuando un animal mortalmente herido se vuelve mas peligroso. Venezuela es una narcodictadura inquietante, una organización criminal que oprime y castiga al pueblo venezolano. Su líder no está preparado ni ética, política ni intelectualmente para dirigir las riendas del otrora rico país latinoamericano. Es urgente poner fin a la tiranía, a un régimen indecente, una farsa política que no conducirá a ninguna parte, salvo a la catástrofe más devastadora para los venezolanos.

¿Que pasa con los paises del sur de Europa?

Una de las características que debe tener cualquier político que presida un organismo intergubernamental es la capacidad para llevarse bien con todos los países a los que representa. Algo que, al presidente del Eurogrupo el holandés Jeroen Dijsselbloem, se le ha olvidado en los últimos días. Dijssembloem se olvidó del carácter institucional de su cargo cuando, con la mayor seriedad y sin atisbo de ironía, apuntó durante una entrevista en el Frankfurter Allgemeine a propósito de los países del sur de Europa, que “los países del norte de Europa han sido solidarios con los países afectados por la crisis del Euro“, mientras que los del sur se gastaban el dinero que les llegaba en copas y mujeres. Un comentario cargado de estereotipos y prejuicios impropio de un cargo de esa importancia entre los países del euro.

No es mala comparación para un ciudadano de los Países Bajos, donde se fuma marihuana en los coffee-shops y los escaparates de los burdeles de Ámsterdam son un reclamo turístico de acuerdo con su vieja tradición portuaria. Pero sobre todo constituye una expresiva muestra de solidaridad muy poco apropiada para un militante socialdemócrata. Dijsselbloem es miembro del PvDA, el Partido Laborista, que ha sido vapuleado en las recientes elecciones holandesas. Es un político de izquierdas. Y además es el responsable de una institución europea.

Dijsselbloem agravó su error en el Parlamento europeo al día siguiente, cuando se negó a pedir disculpas por esas frases insultantes, como le exigieron algunos eurodiputados. La presión sobre el holandés se incrementó y se extendió, como no podía ser de otra forma, a todos los gobiernos del sur de Europa. El ex primer ministro italiano, Mateo Renzi calificó de “estúpidas” sus palabras y pidió su dimisión inmediata. El primer ministro de Portugal, Antonio Costa, se sumó a las críticas y calificó sus palabras de “racistas, sexistas y xenófobas. El señor Dijssselbloem debe desaparecer. Hasta su familia política comunitaria, los socialdemócratas, han renegado de un “neoliberal con camiseta de socialista, machista y racista“. La lluvia de insultos cogió completamente desprevenido y muy tocado a uno de los políticos con más peso y proyección en la UE, al austero y riguroso moralista que desde 2013 ha llevado las riendas de la zona euro.

En su país están sorprendidos por la frase de Dijsselbloem, pero también por las reacciones. Creen que las acusaciones de racista y sobre todo de machista están fuera de lugar. Defienden que es una persona íntegra y uno de los políticos más decentes, acostumbrado a decir la verdad a la cara. “Lamento si alguien se ofendió por mi comentario. Fue directo y puede ser explicado por la estricta cultura calvinista holandesa. Sé que no es algo que siempre se entiende y se aprecia bien en toda Europa“, dijo esta semana en un forzado amago de disculpa.

El mensaje y la superioridad moral no son algo nuevo, algo que sorprenda. Yo misma lo he oído varias veces. Desde el inicio de esa crisis, los dirigentes de media docena de países que tienen tatuado en su ADN La ética protestante y el espíritu del capitalismo, de Max Weber, hacen continuamente comparaciones y chistes de dudoso gusto sobre los perezosos vecinos del sur que se gastan el dinero de los sufridos ahorradores bávaros o zelandeses en fiesta y sin trabajar. Aunque después no dudan en vacacionar en esos perezosos países del sur, fascinados por su belleza artística y de su naturaleza, su clima, sus mares limpios y azules, su comida y su estilo de vida, donde a veces asombran a los lugareños con su comportamiento, muy lejos de ser lo edificante y mesurado que pretenden proyectar.

La peligrosa presión del populismo está quebrando el principio de cohesión y replanteando el sentido de la solidaridad al entenderla como un problema: Trump en los EEUU con sus restricciones migratorias y la obligación a las compañías estadounidenses de invertir de los EEUU; el Brexit que ha empezado oficialmente hoy; el populista Wilders que estuvo a punto de ganar las elecciones en Holanda recientemente, quieren abandonar la UE para redistribuir la renta entre sus nacionales de origen, de tres o más generaciones. El pensamiento se ha contagiado también a la izquierda populista del sur de Europa: un falso progresismo populista que sólo admite la redistribución dentro de los límites de su aldea. En Italia, Beppe Grillo quiere abandonar la UE, también Marine Le Pen en Francia. En España, los independentistas catalanes se declaran cansados de financiar los subsidios de los vagos andaluces para que se pasen el día al sol y cantando flamenco, en sus romerías y ferias, como todo el mundo sabe.

Hace tiempo que Dijsselbloem tiene el cargo en peligro, aunque ha aguantado bien, sostenido por los equilibrios de la ‘partitocracia’ de Bruselas. En el ambiente comunitario su mentalidad cuenta con bastantes adeptos y de hecho es un importante lobby ideológico. Aunque eso no le ha servido para que setenta eurodiputados, principalmente del Grupo Popular Europeo, han enviado una carta pidiendo su dimisión por los comentarios racistas y sexistas. Dijsselbloem no debe permanecer ni un día más en la presidencia del Eurogrupo. Se niega a dimitir y ha justificado sus palabras por la “forma de hablar directa” de los holandeses, mientras que los eurodiputados consideran que “la cultura calvinista nada tiene que ver con menospreciar a otras personas. Respetar valores como la igualdad debe ser la primera obligación de cualquier líder europeo.” Es cierto que los holandeses son muy directos, pero eso no significa que sean ofensivos. De hecho, suelen ser muy tolerantes y políticamente correctos, quizás demasiado, y quizás con quien no deberían…

El Chavismo o como morir matando

 

El actual régimen político en Venezuela, el chavismo, está en su última fase. Pero si bien agoniza, está poniendo en peligro la salud e incluso la vida de muchos de sus ciudadanos. A finales de 2013 los venezolanos comenzaron a experimentar los problemas de desabastecimiento y escasez de productos básicos, con las consiguientes colas formadas en las puertas de los supermercados para conseguir comida. Ahora, la situación ha emperorado muchisimo. Según uno de los principales asesores económicos e ideólogo de Hugo Chávez, Heinz Dieterich Steffan, “La crisis económica se ha convertido en una crisis política terminal para Maduro. En menos de dos años, una troika de ineptos y prepotentes ha despilfarrado la herencia de lucha popular, desprestigiando la alternativa del socialismo del siglo XXI“. Dieterich fue el creador precisamente de ese concepto que Hugo Chávez utilizó para su causa.

En un reciente reportaje de la agencia francesa AFP, se refleja la desesperación que padece un creciente número de venezolanos para poder llevarse algo a la boca, teniendo que recurrir a la basura para comer. Miles de personas, un 10% de la población según la oposición, han encontrado en la basura su despensa para combatir el hambre y la miseria. El 81,8% de los hogares venezolanos viven en pobreza y el 51,5% lo hacen en pobreza extrema, según las conclusiones de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, elaboradas a partir de las encuestas de varias prestigiosas universidades.. Una de las economías más miserables del planeta, según el ránking de Bloomberg. Y también la de mayor inflación y mayor recesión, tan pronunciadas que al 93% de los venezolanos no le alcanza su sueldo para comprar  la comida necesaria.

Para la cúpula bolivariana nada de lo  señalado está sucediendo: “Hay más dinero disponible, es una democratización del acceso al consumo. Ahora la gente puede consumir más“. El chavismo utiliza este argumento, para sorpresa y conmoción de muchos venezolanos: el diputado oficialista Mario Arias afirmó que el grave desabastecimiento generalizado que sufre el país se debe a que “hay más demanda. Es evidente. Si una persona está haciendo cola para comprar es porque tiene plata en el bolsillo. Mientras haya cola en los supermercados y en los abastos es porque la gente tiene dinero y, en consecuencia, hay un incremento de la demanda“.

Negando la situación el régimen bolivariano de Nicolás Maduro, lejos de cambiar la situación, la agrava. Mantiene los estrictos controles de precios, la nacionalización de empresas y sectores productivos, así como la intervención y el racionamiento de alimentos, cuya aplicación está empeorando aún más los problemas de escasez, hiperinflación y caída de la producción. El Gobierno chavista está utilizando el caos para implantar nuevas medidas de control social y económico, como el nuevo “Carnet patriótico”, una cartilla de racionamiento con la que aspira a identificar a la población que apoya o no al régimen, como han denunciado algunos miembros de la oposición. El control sobre los ciudadanos, obligados a comprar según su número de identificación es una versión moderna de la famosa libreta cubana. Según Dieterich, ideólogo de Chávez y una persona conocida por sus posiciones de izquierda, “Al obligar al ciudadano a presentar documentos de identidad, someterse a controles biométricos y conculcarle sus derechos civiles, están humillando a los ciudadanos. Muestran que su modelo económico es inviable y exhiben la cara policíaca del Estado“, sentencia Dieterich.

La imagen de niños, jóvenes o padres de familia hurgando en las bolsas de basura tiradas en las calles de Caracas es lo que mejor ilustra el legado económico de casi dos décadas de chavismo. A la continua vulneración de derechos y libertades en Venezuela que tantas veces he denunciado, se ha unido en los últimos tiempos el hambre. Un drama que afecta ya a miles de venezolanos mientras el Gobierno de Nicolás Maduro trata de quitar importancia, llegando incluso a bromear en público con la escasez de comida.

El caso de Venezuela no es el único en el que una nación, una tierra inmensamente rica gracias a sus recursos naturales, es habitada por una población pobre. Pero Venezuela antes no tenía esa pobreza, de hecho, recibía a muchos inmigrantes. Fuera de cualquier lógica, el régimen chavista ha llevado a Venezuela a esta situación extrema, en un país en el que había una amplia clase media. Esa escasez se ha cobrado la vida de decenas de niños en lo que va de año.

El gobierno de Maduro ha tratado por todos los medios de ocultar al exterior esta información, así como silenciar a la prensa.  Los ciudadanos, haciendo uso de las redes sociales, han estado apoyando a los periodistas venezolanos. La labor que realizan, además de respeto, merece ser proyectada dentro y fuera del país. El esfuerzo conjunto de los profesionales del periodismo y de los reporteros ciudadanos han conseguido que la crisis venezolana despierte la conciencia y la acción de los demócratas del planeta.

La historia juzga a los regímenes por sus hechos. En el ámbito político, el encarcelamiento con el que el chavismo castiga a sus opositores encarna la ausencia de libertades, así como la permanente vulneración de los derechos civiles de los venezolanos. Y en el terreno económico, la desnutrición de los niños y las fotografías que muestran la hambruna de la población hablan por sí solas. El chavismo está ya en fase terminal. Pero es intolerable que, en su huida hacia delante, el régimen siga castigando al pueblo venezolano. Está es la situación y el mundo debe saberlo.

Holanda, ese país fascista

Europa se juega mucho este año electoral. Un año cargado de citas electorales que pueden alterar el curso de la UE, en un momento clave para decidir su futuro. Las primeras elecciones serán en Holanda, el próximo miércoles día 15 de marzo. A dos días de estas elecciones, cualquier gesto que se pudiera interpretar por parte de la población como una cesión, tendría un grave coste electoral para el Primer Ministro Mark Rutte, del partido Liberal (VVD), el único candidato que puede mantener la disputa con el populista Geert Wilders. Los partidos holandeses han mostrado firmeza contra el empeño absurdo del gobierno turco de celebrar una serie de mítines en territorio holandés, mítines a los que ya, debido a problemas de seguridad entre partidarios y detractores del gobierno autoritario de Erdogán, el gobierno de los Países Bajos había denegado su autorización. El Gobierno holandés afirma que había pedido a Ankara que limitase sus planes a una reunión en el consulado turco y la respuesta fue amenazar con sanciones. Holanda, descartó cualquier entendimiento y advirtió que no permitiría ni siquiera el aterrizaje del avión oficial del ministro de Exteriores, Mevlüt Çavusoglu. El episodio terminó con la expulsión de la ministra de Familia y Asuntos Sociales, Fatma Betül Sayan Kaya.

Rutte ya ha demostrado en los pasados meses posiciones de firmeza e incluso hartazgo hacia sectores turcos que destacan por sus pretensiones insaciables. Para un creciente número de holandeses, los límites de la tolerancia han sido ya superados en varias ocasiones. Para Rutte ahora mismo hay más presión de sus electores sobre mantener una posición apaciguadora con Turquía que las amenazas y chantajes del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan quien ha auto invitado a la campaña electoral holandesa, para añadir leña al fuego al ya muy delicado debate sobre la identidad del país y la convivencia con los inmigrantes que se está produciendo en esta campaña.

Erdogán ha provocado un gravísimo incidente diplomático al acusar a los holandeses de nazis y fascistas. El primer ministro turco, Binali Yildirim también arremetió contra las autoridades holandesas por el veto a la entrada de los dos ministros turcos para hacer campaña a favor de Erdogan en el referéndum que se celebrará en Turquía en abril, para darle todavía más poder a Erdogan.  Yildrim ha asegurado que “se tomarán fuertes represalias contra Holanda, ya que este episodio esun gran escándalo diplomático.”  El ministro turco de asuntos exteriores, ha ido más allá, y ha calificado como ´totalmente fascismo´ la actuación de las autoridades holandesas, escribiendo en su cuenta de twitter que “El fascismo ha despertado en Holanda y se ha apoderado del escenario. Todos los verdaderos demócratas del mundo deben reaccionar a esto, intolerable en un mundo libre. El primer ministro holandés se ha convertido en portavoz de una mentalidad oscura y racista que llevó a la Segunda Guerra Mundial.” Siguiendo con la escalada, el ministro turco de Asuntos Europeos, Omer Celik, propone “reconsiderar” el acuerdo migratorio entre su país y la UE, por el que Turquía mantiene a los migrantes fuera de Europa.

Mientras tanto y aprovechando la coyuntura, Wilders ha intentado acentuar la tensión, manifestándose personalmente frente al consulado turco y pidiendo que se expulse ipso facto al embajador de Ankara por injerencia en la política interior de Holanda. “En estas elecciones el debate está centrado en la integración y en la identidad nacional del país. Lo que queremos es que los holandeses de origen turco participen en las elecciones en clave holandesa, no pensando en la política turca”. Al populista holandés, esta crisis con un Gobierno islamista, del que siempre reniega, le ha venido como un anillo al dedo para recuperar su protagonismo público, reducido por su negativa a participar en debates y entrevistas durante la campaña electoral. Esta crisis según Wilders, ha confirmado al electorado las teorías anti-islamistas y anti-migratorias. El hecho de que miles de holandeses de origen turco se hayan manifestado en Rotterdam en defensa del presidente de Turquía en lugar de hacerlo a favor de la soberanía de Holanda, le ha dado la razón al ultraderechista, para quien los 400.000 turcos-holandeses no pertenecen a la sociedad neerlandesa.

 El premier Mark Rutte aseguró que, si Ankara insiste en escalar la tensión, Holanda responderá con las medidas adecuadas: “No vamos a ceder a los chantajes. Anoche hablé ocho veces por teléfono con mi homólogo turco para buscar una solución dialogada. Fue imposible”, lamentó Rutte. Holanda, invadido por la Alemania del III Reich, es un país extremadamente sensible a la cuestión del Holocausto y recuerda con especial dolor aquella etapa de sufrimiento de su historia. Este episodio no se va a dejar pasar así como así.

La mayoría de los homólogos europeos de Mark Rutte, han decidido también mostrar firmeza contra el actual gobierno turco. Dinamarca se unió al frente de solidaridad con Holanda ante las provocaciones de Erdogan y anunció la suspensión del viaje a Copenhague del primer ministro turco. Según el jefe de gobierno danés, Lars Rasmussen, aunque Dinamarca quiere cooperar con Turquía, esto no es posible en estos momentos por su actitud y sus ataques a Holanda. Austria y Suiza habían adoptado posturas muy similares a la de Holanda en relación con los mítines oficialistas turcos.

Merkel ha tenido una postura mucho más apaciguadora. Tanto, que ha recibido serias críticas, por más que según sondeos encargados por medios cercanos, la mayoría de los alemanes prefiere evitar la colisión frontal con Erdogán. En Alemania son muchos los políticos que exigen también a la canciller mayor contundencia hacia Erdogán. Y aunque no hubo reacción al respecto, parece que en diversos sectores holandeses se vio con desagrado que Francia permitiera al ministro de Exteriores turco dar un mitin en la ciudad de Metz y tener una nueva tribuna para arremeter con sus insultos hacia Holanda. Llamar a los holandeses “Nazis Fascistas” tampoco ayuda a Turquía en sus aspiraciones a lograr que la Unión Europea le conceda la exención de visados para sus ciudadanos.

Mientras tanto, tanto Wilders en Holanda, como Erdogan en Turquía, están intentando sacar rédito electoral de esta crisis. A Wilders no le ha beneficiado mucho la postura del premier Rutte. A Erdogan si le sirve acentuar ese sentimiento nacionalista que los turcos llevan todos a flor de piel para conseguir su deseo de convertirse en presidente omnipotente de Turquía. Pero después de esto es inevitable que lo que ocurre Turquía, el continuo auto-golpe autoritario que siguió a la intentona militar, acabe pesando también en la temperatura electoral en este país.

Los Países Bajos han sido desde hace siglos un ejemplo de libertad y derechos civiles dentro de Europa y para el mundo, mientras que Turquía de la mano de Recep Tayyip Erdogan se está paulatinamente convirtiendo en una tiranía islamista, y particularmente desde el auto golpe donde se ha aprovechado por parte del régimen para realizar una depuración sin precedentes en las instituciones civiles, académicas, policiales, los medios de comunicación, en la administración del estado, acusando a miles de personas de golpistas sin aportar ni una sola prueba. Erdogán está acostumbrado a hacer su voluntad en su país, pero eso no le da derecho a realizar sus deseos en el resto del mundo. Que el gobierno de Erdogan acuse a Holanda, a Europa, de fascista, de nazi, no provoca más que bochorno, indignación, vergüenza ajena y sonrojo.

La capitalización del descontento

Pocos términos se han repetido más en los últimos meses en Europa y al otro lado del Atlántico. ‘Populismo’ se ha convertido en uno de los términos más utilizados por la clase política. Aunque no hay una definición exacta, la mayoría de la literatura académica coincide en señalar una serie de características: no es patrimonio de la izquierda ni de la derecha, ofrece soluciones simples a problemas complejos, requiere líderes carismáticos, crea una división entre ‘el pueblo’ y la clase política, y crece en terrenos abonados por el hastío con el ‘establishment’. Precisamente, es la capitalización política de ese descontento la que permite a los movimientos populistas obtener réditos electorales que les abren las puertas de las instituciones, en aquellos periodos cuando coexisten un sistema democrático y un amplio descontento en la sociedad durante un tiempo relativamente largo.

Los postulados de diversa índole, neo marxistas, intervencionistas, o sencillamente populistas, se han extendido en los últimos años. Este es un factor muy preocupante, porque ha fraguado la idea en un amplio porcentaje de la población mundial de que el capitalismo y la globalización han sido un grave error. Además del desencanto son los detonantes en ese auge ideológico el declive económico de las clases medias, la xenofobia, la revolución tecnológica y la crisis del Estado del bienestar. El crecimiento que está experimentando a nivel mundial es una señal de que el sistema está fallando. Los determinantes que explican el apoyo a las formaciones populistas en Europa tienen que ver con la tensión que se ha generado en las sociedades por los flujos migratorios y con la crisis económica que muchos países han sufrido en los últimos años. El descontento y la ineficacia e ineficiencia de los actores tradicionales a la hora de proponer e introducir soluciones a la crisis de 2008 abrió la ventana de oportunidad para el crecimiento de estos nuevos estilos de liderazgo.

¿Es realmente el populismo la solución a las crisis de las democracias occidentales? Existen ciertas realidades que son inherentes al populismo: surge en sistemas democráticos, responde a los intereses de una minoría política, construye partidos, es un fenómeno global y encuentra acomodo tanto a la derecha como a la izquierda.  En realidad, la estrategia retórica es un recurso al que se suma hoy casi todo partido político, cualquiera que sea el espectro en el que se mueva como estrategia discursiva encaminada a convencer y obtener un rédito electoral. Es una nueva forma de demagogia, y no sólo de los partidos populistas. Otra cuestión es la creación de un régimen populista, pasando de las palabras a los hechos y que supone una tragedia para la sociedad: un sistema populista propiamente dicho, a medio camino entre una democracia y un sistema político autoritario.

Otra de las características que vertebran el populismo es la dicotomía entre el pueblo y los que no son el puebloCas Mudde, politólogo holandés, docente universitario y uno de los mayores expertos en la materia, afirma que “el populismo es una ‘ideología’ que divide a la sociedad en dos grupos antagónicos: por un lado, ‘la gente pura’ y, por otro, ‘las élites corruptas”. Parece oportuno plantear la siguiente pregunta¿Quién es la gente, el pueblo? El populismo es intolerante porque decide quién es el pueblo y quién no: Por ejemplo, para el Frente Nacional en Francia el pueblo son los franceses nacidos en Francia.

Otra característica del populismo es el proteccionismo económico que suele tener graves consecuencias e implica profundos riesgos geopolíticos. Lo más preocupante es la deriva nacionalista y proteccionista que subyace a nivel económico del discurso político mayoritario, empezando por los EEUU, debido a las medidas tomadas por el nuevo presidente Trump. De momento el mercado solo se ha quedado con las medidas positivas en el corto plazo: menores impuestos, menor regulación y un enorme estímulo fiscal. El proteccionismo económico no tiene ganadores, solo perdedores, menor crecimiento económico y mayor inflación son algunas de sus letales consecuencias a medio plazo.

Cuando el pasado mes de junio Reino Unido votó a favor del “Brexit” aunque con una exigua diferencia de votos, algo se tambaleó en el Viejo Continente. Pese a que la gran mayoría de encuestas apuntaban a una victoria de la permanencia, al final el 52% de los electores optó por abandonar el club comunitario. El proyecto común pareció empezar a romperse.  El fallido referéndum de Matteo Renzi en Italia o la escalada en las encuestas de estos partidos populistas en Francia, Holanda, Austria y España, son, para muchos, los primeros efectos de ese sentimiento nacionalista y ‘anti-establishment’ que comienza a asentarse a lo largo de todos los países occidentales.

Pese a todo, hay quien sostiene que la emergencia de estas opciones políticas puede resultar beneficiosa. Para Mudde, un punto a favor de los populismos es “que pueden servir de acicate para incluir en la agenda política asuntos que interesan al electorado pero que muchas veces se esquivan por su carácter controvertido tales como la inmigración o la austeridad”. De acuerdo a lo expuesto por Mudde en sus investigaciones: “El populismo puede permitir la participación de gente que antes estaba excluida y no tenía voz”, señala citando el ejemplo de los indígenas en Latinoamérica. “También puede servir para la re-moralización de la vida pública. Hasta hace unos años nadie decía nada cuando había imputados en las listas electorales. Ahora eso ha cambiado“.

El populismo tiene una antigua tradición que se presenta en la sociedad de forma cíclica, aunque nunca alcanzó la magnitud actual. Una de las dificultades mayores para combatirlo es que apela a los instintos más exacerbados de los seres humanos, el espíritu tribal, la desconfianza y el miedo al otro, al que es de raza, lengua o religión distintas, la xenofobia, la ignorancia, como ha apuntado el nobel de literatura hispano-peruano Mario Vargas-Llosa. Al despertar de bruces a la realidad, se verá el fracaso de unas políticas irresponsables que no habrán solucionado ninguno de los problemas sociales y económicos de los países incautos que se rindieron al hechizo populista.