Brexit & Gibraltar

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Tras la toma de posiciones de Reino Unido, de las otras 27 capitales y del Consejo Europeo, la Euro cámara ha impuesto sus propias condiciones y exigencias de cara a la negociación del Brexit. Una lista de condiciones entre las que destaca la ausencia de cualquier referencia a Gibraltar. Es más, la Unión Europea determina que el futuro estatus de Gibraltar ha de ser acordado entre el Reino Unido y España. Y no es una casualidad. En el del borrador de las directrices del Consejo Europeo, la ya famosa cláusula 22 que dice que “ningún acuerdo entre la UE y Reino Unido podrá ser aplicado en el territorio de Gibraltar sin un acuerdo entre España y Reino Unido“. El discurso de líderes como Manfred Weber, ha recordado una y otra vez que los intereses de España son los de la UE en esta disputa. Por fin han admitido un hecho cierto: el Peñón es una posesión inglesa de ultramar y su estatus ha de ser negociado entre la potencia colonial, el Reino Unido, y la colonizada, España.

La roca fue ocupada por tropas del Reino Unido el 4 de agosto de 1704, cuando una flota angloholandesa mandada por el almirante George Rooke se apoderó del peñón. Rooke, consciente de la importancia estratégica del istmo, mandó izar la bandera inglesa. La conquista fue ‘legalizada’ por el Tratado de Utrecht. El documento, firmado por Ana Estuardo, reina de Inglaterra, y Felipe V rey de España, establece: «El Rey Católico, por sí y por todos sus sucesores, cede por este tratado a la Corona de Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, y las defensas y fortalezas que le pertenecen».

El Tratado de Utrecht no hace ninguna referencia a los límites fronterizos ni a las aguas jurisdiccionales. Sólo concedió a Inglaterra el poblado de Gibraltar y los fuertes españoles construidos para su defensa. Los ingleses expulsaron a la población local que se refugiaron en las inmediaciones, formando los que hoy es el pueblo de San Roque. Y repoblaron posteriormente el peñón con personas traídas de Malta, Chipre y norte de África. En 1830 Inglaterra concedió unilateralmente a Gibraltar el estatuto de colonia de la Corona. Hoy, Gibraltar es casi el único símbolo colonial del antiguo Imperio británico. A juicio de la ONU, la situación colonial de Gibraltar destruye la unidad y la integridad territorial de España, y su mantenimiento es contrario a la Carta de Naciones Unidas. Por eso ha instado en repetidas ocasiones al Reino Unido a poner fin a su presencia en el peñón.

Me extraña el asombro inglés ante todas estas circunstancias, incluido el del progresista diario ‘The Guardian’, tras la decisión europea de reconocer algo tan elemental como que Gibraltar es una colonia. Esto no lo dice España sino el propio Reino Unido, ya que por acta del Parlamento, la soberanía del Peñón está en Westminster y su condición jurídica es la de ‘overseas territory’, algo similar a otros pequeños territorios bajo soberanía inglesa dispersos por el mundo, sin más diferencia que la cláusula de reversión de Gibraltar a España, prevista en el Tratado de Utrecht. Lo dice también la ONU, que coloca a Gibraltar entre los territorios a descolonizar, lo que no ocurre con Ceuta ni con Melilla, por ejemplo.

El periódico tabloide ‘The Sun’, haciendo gala de la xenofobia hija del Brexit, ha decidido lanzar su vomitiva campaña en defensa de Gibraltar, pintando en portada el Peñón con la Union Jack y regalando en el interior un póster bilingüe donde señala “Hands off Our Rock/Nuestra Roca no se Toca”. Su columnista Kelvin Mackenzie ha llamado “follaburros” a los españoles, incitando a sus compatriotas a prepararse para una buena vieja lucha y se atrevió a sugerir la expulsión de los españoles residentes en el Reino Unido (“Say adiós, Manuel”). La portada del martes recoge el testigo con un provocador titular a toda página: “Up yours senors!”, que se puede traducir como “A tomar por culo, señores” dirigido a los “entrometidos líderes” españoles y europeos ante el futuro de Gibraltar. Mackenzie parece haber olvidado que en España residen más de 300.000 ciudadanos británicos. Absolutamente lamentable, especialmente viniendo de un pueblo que se cree tan civilizado.

 Gibraltar era una de las múltiples razones por las que el Reino Unido no debía abandonar la UE. Cabría esperar de un país maduro y responsable que, en lugar de alimentar el populismo, tanto de Gibraltar como de la opinión pública, recordase estas evidencias. Gibraltar es un contencioso tan viejo como enrevesado que tiene que resolverse por negociaciones hispano-británicas. Está claro que los gibraltareños están muy nerviosos, mientras la vieja guardia tory redobla los tambores de guerra. Pero la posición de Theresa May es débil. Se comprende su nerviosismo, como el belicismo de la vieja guardia tory, que sueña con revivir las glorias imperiales enviando la Navy a Gibraltar, como hicieron en las Malvinas.

A Gibraltar no hay que invadirla, ni siquiera cerrar la verja. Bastará con aplicar las normas que le corresponden ya que, según las ventajas que Londres le negoció, no está incluido en el Tratado de Schengen como fronteras interiores dentro de la UE, lo que le ha permitido tener la cuarta renta per cápita del mundo y ser como el resto de las colonias británicas, auténticos paraísos fiscales. Bastaría la estricta aplicación de ese tratado para que tales ventajas desapareciesen. Falta que Reino Unido asuma esta evidencia. No debería de ser difícil en un país que tuvo imperio tan inmenso. Al fin y al cabo, si pudo devolver India a los indios bien podría devolver Gibraltar a los españoles. Que los gibraltareños quieran mantener eternamente una colonia inglesa sobre territorio español es comprensible, les va en ello un nivel de vida privilegiado. Pero que Europa aceptase y defendiese el mantenimiento de un orden colonial sobre el territorio de un país miembro resultaba inaceptable y ofensivo.

Los gibraltareños dicen que quieren ser británicos y europeos. Hasta ahora fue posible. Ahora deberán elegir. Respecto a los ingleses, sabemos que, para ellos, lo único que cuenta son sus intereses, y eso es precisamente lo que más temen los gibraltareños. Aunque ahora no les valdrá la xenofobia, ni sus insultos abyectos, ni sus amenazas ridículas, ni su pretendida superioridad ante el resto del mundo. En lo que a mi respecta, ¡viva el Brexit!

Un pensamiento en “Brexit & Gibraltar”

  1. Yo estoy encantada con el brexit! Fuera piratas de la UE, porque los ingleses siempre fueron eso, piratas. Espero poder ver en vida a Gibraltar Español.

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