REGREXIT

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Todo son ‘incendios’ alrededor de Theresa May.  Jeremy Corbyn ha aumentado la presión sobre la Premier en un momento especialmente crítico, durante el inicio de las negociaciones del Brexit. Por otro lado, Gerry Adams, líder histórico de Sinn Féin, visitó recientemente Downing Street, por primera vez en una década y acusó directamente a May de violar el Acuerdo del Viernes Santo. Según Adams, la posibilidad de un pacto entre el Partido Conservador y el DUP (partido Unionista de Irlanda del Norte) para lograr una mayoría en el Parlamento británico, supone una ruptura del papel de del Gobierno británico como garante del proceso de paz en Irlanda del Norte. Eso sin mencionar el desempeño que ha tenido la policía británica en la cuestión terrorista o en el reciente incendio en la torre Grenfell que ha sido considerado por un diputado laborista como ‘negligencia criminal.’ Tras dos atentados terroristas en menos de tres meses, la capital británica revivió la pesadilla con el aterrador incendio de la torre Grenfell en mitad de la noche.

 El pasado 22 de junio se cumplió un año del triunfo del Brexit, que se impuso en el referéndum con tan sólo un 3,7% de ventaja. La herida que abrió el debate europeo en el Reino Unido dista de haberse cerrado. Así lo reconoció ayer la máxima autoridad religiosa de la Iglesia de Inglaterra, Justin Welby, de 61 años, arzobispo de Canterburyque desde 2013. Welby reconoce que la situación política creada tras las últimas elecciones, sin una mayoría absoluta de Gobierno, “ha creado una tentación comprensible de convertir cada diferencia en un voto de confianza.” Welby demanda a los políticos británicos que busquen la unidad y eviten “la tentación de tomar ventajas domésticas a costa de estos acontecimientos” y ha propuesto a la primera ministra que auspicie una comisión bajo el paraguas del Parlamento, de la que formen parte todos los partidos para conseguir una posición común ante el Brexit. El órgano lo presidiría un político veterano, de prestigio y alejado de las actuales luchas partidistas. Algunos diputados laboristas habían abogado ya por una comisión como la que propone el arzobispo. Sin embargo, es dudoso que su idea agrade al sector brexitero duro del Partido Conservador.

Lo cierto es que una vez ya iniciadas las negociaciones para llevar a cabo el Brexit, en Inglaterra se escucha cada vez más una nueva palabra: ‘Regretxit’, que une el término Brexit con el verbo ‘Regret’ (arrepentirse). La compañía de sondeos YouGov, que acertó en su proyección de escaños que May perdería la mayoría absoluta, ha hecho una encuesta de satisfacción sobre el Brexit, encuesta en la que ya va en cabeza el ‘Regrexit’.  Hay que recordar que en el referéndum sobre esta cuestión se impuso la salida de la UE por 51,8% frente al 48,1% (17,4 millones de votos contra 16,1). Un año después, un 45% de los encuestados creen que la salida de la UE, será un error histórico, con lo que superan al 44% que todavía creen que el Brexit fue acertado: Un 40% cree que el país estará peor sin los que eran sus socios desde 1973 y un 25% prevén que mejor.

El principal motivo por el que se votó el Brexit fue recuperar soberanía, que las decisiones británicas las tomen los británicos. El segundo motivo es el control de la inmigración. La encuesta de ahora de YouGov para el ‘Times’, revela que el bolsillo vuelve a importar más que la inmigración: un 58% de los británicos dicen que en las negociaciones con la UE debe primar lograr un buen acceso el libre mercado europeo.

Los hechos son los siguientes: Los hogares británicos han perdido poder adquisitivo, la crisis política es palpable con un Gobierno muy débil tras las últimas elecciones. La posición negociadora británica es muy frágil y confusa y se espera una oleada de deslocalizaciones a medida que se avance en la ruptura. La aventura híper nacionalista del Brexit ya está castigando al Reino Unido. Además, la sociedad británica está políticamente partida en dos, dividida como nunca antes.

May adelantó las elecciones, fracasó y perdió la mayoría absoluta que le había legado Cameron. Está en minoría y muy cuestionada por su propio partido. El Gobierno británico no ha acabado nunca de definir una estrategia clara ante el Brexit, probablemente porque no la tiene. La Premier esbozó el pasado enero sus intenciones en línea para una salida dura: abandono del mercado único y la unión aduanera, control de las fronteras y fin de la libre circulación de comunitarios.

Pero todo va a depender del dolor que cause el Brexit. Los ingleses, a pesar de sus alardes de superioridad sobre el resto de Europa, suelen un pueblo práctico, que piensa mucho con el bolsillo. Si la aventura del Brexit empeora gravemente sus vidas, recularán, con aire digno e impostando que han ganado, pero al final darán un paso atrás. Si los daños son llevaderos, se buscará un acuerdo que dé cierto acceso al mercado único y se ofrecerán cuotas generosas de llegada de comunitarios. Pero desde el inicio oficial de las negociaciones en Bruselas para la salida de Gran Bretaña de la UE, al jefe negociador británico, el veterano David Davis, ministro para la Salida de la UE, fue goleado por su homólogo comunitario, el francés Michel Barnier, que le impuso calendario y modelo de negociación. Por ahora no pintan las cosas bien para la Bran Bretaña. Y el resto de la EU no lo permitirá tampoco.

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