Dia de la Hispanidad

El domingo 8 de octubre vimos al hispano-peruano Mario Vargas Llosa, un príncipe de la Hispanidad, defendiendo la democracia y la unidad constitucional de España frente a quienes la niegan y quieren quebrarla. Es un hecho conocido y muy usado para la propaganda, que una mentira repetida cientos, miles de veces, aunque no deja de ser mentira, en el imaginario colectivo se convierte en verdad. Estos días estamos asistiendo al espectáculo de cómo dos de ellas que tanto nos hieren, nos están llegando de lleno al corazón, estas son dos nuevas post-verdades: ‘España nos roba’ acunada por los independentistas catalanes y, ‘Los españoles que llegaron con Colón a América son unos genocidas.

Salvando los nombres propios y las individualidades de las ciencias y las artes, ¿qué ha aportado España como identidad política al devenir del mundo? Quitando infinidad de pintores como El Greco, Velázquez, Murillo, Zurbarán, Goya, Sorolla, Picasso, Gris, Dalí o Miró; escritores como Cervantes, Garcilaso de la Vega, Lope de Vega, Góngora, Bécquer, García Lorca, Machado, Unamuno, Baroja, Pérez Galdós, Jiménez, Delibes, Valle Inclán, Rosalía de Castro, Calderón de la Barca, Ortega y Gasset, Espronceda, Zorrilla, Cela y muchos y muchos más; o de hombres de ciencia como Ramón y Cajal, Marañón o Severo Ochoa…

En España, concretamente Castilla, fue donde se crearon por primera vez órganos de representación de los tres estamentos, germen de las Cortes y del parlamentarismo. Algo que se hizo mucho antes de que en Inglaterra se constituyesen los Comunes, pues aquí los tres estados ya estaban en las Cortes de Castilla desde 1188 y, más tarde, en los otros reinos hispánicos. En Inglaterra no llegarían sino hasta 1258. Otra aportación clave de los españoles en la Edad Media fue el propio mestizaje con musulmanes y judíos, que traían de Oriente distintas versiones del helenismo y de la sabiduría oriental.

En América no hubo escritura fonética antes de 1492. Por eso es tan importante recordar que en 1492 fue terminada la gramática de Antonio de Nebrija, la primera gramática europea desde Roma, que serviría de modelo para otras lenguas y marcó un hito en la maduración del castellano. Las universidades españolas fueron las primeras del continente americano, muchos años antes que las universidades anglosajonas que presumen de solera. Todavía hoy se debate sobre cuál fue oficialmente la primera, si la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Perú, o la Universidad Santo Tomás de Aquino, en Santo Domingo: Ambas fueron creadas en la primera mitad del siglo XVI.

En 1700 el Imperio Hispanoamericano tenía más de ocho millones de habitantes, censados en su mayoría. Se censaba a todos: nativos, mestizos y peninsulares. Las colonias británicas apenas superan los 200.000 habitantes. Cualquier intento de compararlas es una falsificación. El mestizaje fue espectacular. Hugh Thomas, historiador inglés, escritor, diplomático y miembro de la Cámara de los Lores hasta su muerte en mayo, 2017, afirmó: “El mestizaje fue la mayor obra de arte lograda por los españoles en el Nuevo Mundo, una mezcla de lo europeo y lo indio. A aquellos que piensen que se trata de una afirmación obvia, les pediría que consideren cuán raro fue este estado de cosas entre los anglosajones y los indios de Norteamérica“. No fue raro, sino inexistente. O con los aborígenes de Australia, que fueron, al igual que los indios de América del Norte, simplemente exterminados casi en su totalidad.

Siguiendo con este asunto, los Estados Unidos hoy quedan aproximadamente dos millones y medio de sus descendientes indios, un 0,8% de la población estadounidense, viviendo en reservas. Pero, ay, nosotros los genocidas españoles! hemos dejado una huella en Sudamérica imposible de borrar: Bolivia, con una población indígena de un 72% y un 27% mestiza, en su mayoría bilingüe, que además del español habla el quechua o el aymara. Perú, en un censo de 1876, unos treinta años después de la independencia, tenía una población india de un 59% que ha ido disminuyendo poco a poco después con la República. En 2012, la población de distintas etnias indígenas en México era de 15 millones, la mayoría de los cuales habla náhuatl, la lengua mexica y la más extendida, pero también hasta 65 lenguas diferentes de etnias minoritarias.

A la conquista de los territorios de América le sucedió, en paralelo, un debate sobre Derechos humanos hasta entonces inédito. Frente al abuso de algunos conquistadores, fueron muchos los misioneros españoles que denunciaron la violencia desmedida y trabajaron para sacar adelante leyes más justas contra un tipo de esclavitud encubierta, las Encomiendas. Sus esfuerzos quedaron materializados en las Nuevas Leyes de 1542, que reconocían a los indios como súbditos libres de la Corona española y abrió un debate inédito sobre derechos humanos en pleno siglo XVI. Pese a sus defectos, estas leyes fueron precursoras del Derecho Internacional y representaron una legislación vanguardista para su tiempo. Francisco de Vitoria, padre del Derecho Internacional, encendió de forma póstuma la conocida como controversia de Valladolid, celebrada entre 1550 y 1551, donde se enfrentaron quienes defendían que los indígenas tenían los mismos derechos que cualquier cristiano, tesis defendida por Bartolomé de las Casas.

España ha perdido la batalla de la propaganda. Los españoles nunca dieron publicidad a sus acciones, a sus méritos o a sus conquistas. Esto es debido a un complejo que ha desarrollado a lo largo de los años, especialmente a partir del Desastre del 98, con la pérdida de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas. Otra causa es la existencia de una izquierda que denigra la política hispanoamericana, que se han dedicado a hablar mal sobre la conquista y la obra civilizadora de España en ultramar.

En América lo que se hizo después de la independencia fue enseñar a los niños en los colegios que desde España se había llevado a cabo un genocidio monstruoso en América y que se había matado a muchísimos indios. Dicha afirmación es completamente falsa, no hay ni rastro de verdad en esa teoría. La historia civilizadora de España es casi totalmente desconocida para los propios españoles. Se debe realizar una labor investigadora para reorientar a la juventud y que la población se sienta otra vez orgullosa. No solo de ser española, sino de ese magnífico imperio que se extendía por el mundo entero, que ofreció educación a muchísima gente, que fundó hospitales, colegios… Cosa que ni los ingleses, ni los portugueses, ni los holandeses hicieron jamás en sus posesiones coloniales.

Es imprescindible conocer este pasado, aunque hoy por hoy no existe apenas la voluntad política para hacer una gran comunidad de naciones hispanas unidas. El peso institucional que tendríamos en el mundo en PIB sería mucho más importante que el de Estados Unidos. A diferencia de Inglaterra que creó la Commonwealth, lo que se cultivó en América fue el odio hacia España. Fue auspiciado por los grandes revolucionarios como Bolívar o San Martín, apoyados por Inglaterra, que se cobró así su venganza contra España. Una de las primeras acciones que se llevó a cabo en Nueva Granada por los ‘libertadores’ fue la expropiación de las tierras de los indios que estaban protegidas por las leyes españolas. Al tratarse de una nueva república igualitaria, los indios no podían tener privilegios. Fueron los grandes oligarcas criollos los que se quedaron con estas tierras expropiadas, y es allí donde se origina la pobreza de los indígenas. Al carecer de tierras, estos se vieron en la necesidad de servir como mano de obra barata en condiciones muy cercanas a la esclavitud.

Es imprescindible el renacimiento para las naciones hispanas y ahí incluyo a la España de hoy, y que  a un lado y otro del Atlántico nos abracemos como hizo Europa con Roma en el siglo XV: abrazarse al imperio que nos engendró, proclamar con orgullo ese origen y aprender de él.

La post-verdad en Cataluña (II)

En pleno siglo XXI, después de 40 años de democracia en España y con una historia reciente de la que tenemos mucho que aprender, es increíble que después de nuestra historia, hayamos vivido un día como el del pasado 1 de octubre, por culpa de un proceso secesionista que ha roto todas las reglas del juego. Hay que hacer una profunda reflexión: La sociedad catalana, una sociedad emprendedora, que tanto ha aportado a nuestra historia común española a lo largo de los siglos, se ha visto inmersa en un proceso que, más allá de reivindicar legítimas aspiraciones de mejora política y económica, se ha conducido por el camino del radicalismo y de la sedición.

No ha sido una deriva casual, sino un proceso inducido desde el Gobierno de Cataluña y los partidos independentistas y algunos muy radicales, que han vulnerado la ley, la Constitución, el propio Estatuto de Autonomía de Cataluña y las resoluciones de los tribunales de justicia para tratar de conseguir sus objetivos sediciosos. Siendo ilegal y grave esta conducta, lo es más aún por haber alentado el enfrentamiento entre españoles, la ruptura de la convivencia, y la generación de un clima de crispación colectiva de consecuencias difíciles de prever. El día 1 de octubre, ese nacionalismo supremacista exacerbado que está sufriendo Cataluña, dio pie a una jornada de enfrentamientos que hizo imprescindible la intervención de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado para dar cumplimiento a las resoluciones judiciales, ante un acto manifiestamente ilegal e inconstitucional.

En muchos medios de comunicación de fuera de España, se criticó con dureza el uso de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad del estado para dar cumplimiento a las resoluciones judiciales. Se mostraron indignados. Twitter ardía. Dos días después, no se ha mencionado por esos mismos medios el acoso a la policía que se está produciendo en Reus, Barcelona, Calella, Lérida, en la Jefatura Superior de Policía de Barcelona y en otros pueblos catalanes. “En muchísimos sitios están siendo acosados e insultados, están recibiendo amenazas, coacciones, algunos han denunciado que hasta se les ha tirado ácido“, confirmó el portavoz del sindicato de Policía. Son los Guardias Civiles y Policías que se han desplazado temporalmente a Cataluña y también los que siempre han vivido allí, son catalanes, nacidos en Cataluña y con familia en Cataluña y están siendo señalados. ¿Quién está detrás del acoso “sistemático y organizado“?

Ayer, más de cincuenta carreteras que conectan las ciudades catalanas fueron cortadas por piquetes de huelga que colocaron neumáticos ardiendo a modo de barrera. En algunos casos en presencia de los Mossos d’Esquadra (la policía catalana) sin que estos actuasen. Grupos de gente que corta las calles a su antojo, con banderas independentistas, gritando que la calle es suya y obligando a los pocos comercios que permanecen abiertos a cerrar en protesta por las cargas policiales del pasado domingo, cuando la huelga estaba convocada muchoa antes. Rodean las comisarías, las sedes de los partidos constitucionalistas. La mayoría de los manifestantes son jóvenes, estudiantes de bachillerato y universitarios. Pero también hay gente de mediana edad y niños. “Están convirtiendo el colegio en una especie de campo de concentración donde les ponen una estrella de David en el brazo a nuestros hijos“. Esto es lo que dicen algunos padres no nacionalistas por el trato que están recibiendo sus pequeños en los colegios, sino siguen las consignas de los profesores.

Parece que finalmente algunos medios de comunicación fuera de España empiezan a ver las cosas con más objetividad: “Vista la escasa participación y la indiscutible ilegalidad, no hay justificación alguna para la declaración de independencia en Cataluña”. Así despertaba este martes la edición impresa del Financial Times, criticando en su editorial la actuación del gobierno regional catalán en la crisis secesionista. El diario francés de mayor tirada, Le Monde, asegura que el referéndum “es manifiestamente contrario a la Constitución de 1978, al Estado de derecho y no respeta las normas de una consulta admitida en un país miembro de la Unión Europea.” A causa de la consulta, argumenta, “han sumergido a España en una profunda crisis política”. Tanto Le Monde como Financial Times llegan a las mismas conclusiones.

Mientras el portavoz del gobierno regional catalán anunciaba al mundo que el “Sí” a favor de la independencia había vencido con un 90,09% de los votos, en base a un total de 2.262.424 papeletas depositadas en las urnas, otros medios de comunicación internacionales veían la consulta desde otra perspectiva. El 42% del censo es una cifra muy pequeña para legitimar cualquier decisión. Del recuento ni hablamos: Los ejemplos de urnas en las que se votaba reiteradamente son infinitos. Así se explica que en la localidad gerundense de Palol de Rebardit, de 470 habitantes, el “Sí” sumara 1.002 votos. Un detalle menor que parece que no va a frenar la declaración unilateral.  También Financial Times cree que “habría que tomar los resultados del referéndum del 1 de octubre con precaución, ya que existen muchas razones para dudar de la veracidad de los porcentajes y el número de votos presentados por la generalidad de Cataluña.” En especial, tras la denuncia presentada en la que se veían imágenes de varias personas votando hasta en dos ocasiones en diferentes colegios, o urnas que llegaron a los colegios electorales con papeletas dentro, por citar alguna de las irregularidades.

Quienes han provocado esta situación, quienes han obligado a los partidos de la oposición a abandonar el Parlamento catalán ante el atropello político y jurídico que tuvo lugar los pasados días 6 y 7 de septiembre, quienes han despreciado los mandatos del Tribunal Constitucional, quienes han utilizado sin pudor a la policía autonómica como policía política, quienes han cometido ese crimen imperdonable de romper la paz social… se llevan ahora las manos a la cabeza porque el 1 de octubre se produjeron enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Pero a quienes se rasgan las vestiduras por este motivo, y buscan culpables aquí y allá, les recuerdo que todos tenemos claro qué instituciones, qué partidos, qué nombres y qué apellidos han configurado esa “causa de la causa”.

Las pautas del Ejecutivo para evitar el referéndum parecen no haber funcionado, y el comportamiento ilegal y anticonstitucional de la Generalitat ha quedado tapado en parte por la manipulación informativa de la intervención policial, sobredimensionada, cuando no tergiversada, por las terminales del separatismo, dentro y fuera de España. Mientras los responsables de esta crisis siguen ahí, denunciando y amenazando al Estado y denigrando la democracia española, sin coste alguno. Y el resto de los españoles seguimos aguantando esa denigración a diario. Esto tiene que acabar y sólo hay una forma: suspendiendo el autogobierno de Cataluña el tiempo que sea preciso para la vuelta a la normalidad de las instituciones.

La post-verdad en Cataluña

Parece que Cataluña quiere separarse de España. Sin embargo, en época de los Reyes Católicos, Cataluña lo único que quería era estar lo más unida posible a España. Sin la unión no hubiese llegado a ser lo que Cataluña es hoy día. Al Emperador Carlos V cuando llegó por primera vez a Barcelona los aplausos le dejaron sorprendido, los catalanes veían en él la gran esperanza, el gran rey. Esto no lo cuentan en los libros de historia de las provincias catalanas: aquí tiene mucho sentido la cita de Jean François Revel (1989): “La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira.

Hoy y desde hace años, al asunto más grave que tiene planteado España es Cataluña. ¡Ay! ¡Los sentimientos! Un argumento convincente e irrebatible. Como lo son la paz mundial o el cambio climático. Hay que proteger los sentimientos especiales, diferenciados y exclusivos de los catalanes.! 

En Cataluña ocurre algo similar al Brexit, al giro hacia dentro de EEUU, y al crecimiento de los partidos nacionalistas en Holanda, Francia, que desean que su país salga de la UE, son parte de un nuevo contexto en el que, vistas las desigualdades, mucha gente piensa que la identidad y la nación son los mejores instrumentos para salir bien parados en un entorno global. En Cataluña muchos lo piensan, especialmente desde las clases medias-altas, que se auto perciben como más preparadas que el resto de los españoles. Y como ocurrió en el Brexit o con Trump, las advertencias sobre las consecuencias de la separación tienden a ser negadas o ignoradas; todos los avisos acerca del caos que llegará el día después, ya no surten efecto.

Mientras tanto, el presidente de la región catalana Carles Puigdemont, ha comparecido para asegurar que el Estado “ha suspendido de facto el autogobierno y ha aplicado de facto un estado de excepción. Él sabe, como todo el que quiera saber, que también eso es mentira. Si el estado hubiera suspendido de facto el autogobierno, lo primero que habría hecho es sacarle a él de su despacho por delito de sedición.

También desde el F.C. Barcelona e incluso alguno de sus jugadores, como Gerard Piqué y el ex entrenador Pep Guardiola, ha salido en tromba a defender la “democracia”. Para la directiva del Barça la democracia debe ser la visita de los directivos que les antecedieron, en pleno y por dos veces, la última casi al final del franquismo, a rendir pleitesía a Francisco Franco en el Palacio de El Pardo. El Barsa condecoró al Generalísimo dos veces como hijo predilecto del club. Pero eso ahora da igual, porque como toda la historia de Cataluña está infestada por la mentira, nadie quiere recordarlo allí. Unos porque se avergüenzan de ello y otros por lo que les pueda suceder si se les decir la verdad.

Durante estos últimos días, los episodios de coacciones, presiones y amenazas vividas en Cataluña en las últimas horas son inadmisibles. Afortunadamente no ha surgido ningún brote de violencia dramática, pero eso no oculta el odio demostrado por miles de manifestantes separatistas a las fuerzas de orden público, la Guardia Civil, la Policía y los miembros de la administración de Justicia encargados de ejecutar órdenes con estrictos criterios de legalidad. Es evidente que al independentismo le interesa la agitación, las algaradas y la violencia como último recurso a la respuesta del Estado contra su chantaje separatista.

En Cataluña hoy día, la salvaguarda de muchos derechos y libertades es sencillamente inexistente, y si algo han ideado los actuales gobernantes regionales es un régimen autoritario basado en el odio a España. Sin ley no hay orden, y eso es exactamente lo que pretende el separatismo: que los ciudadanos asuman, protegidos en el anonimato de una multitud, que Cataluña es un territorio sin ley en el que las coacciones más cobardes y la estigmatización del discrepante son válidas. Igual que ocurría en el País Vasco durante la etapa sangrienta de nuestra historia en la que la banda terrorista ETA asesinaba: se señalaba al discrepante como objetivo criminal. Actualmente, la ley en Cataluña no tiene ningún prestigio, la idea de que no puede haber una democracia sin el amparo de la ley ha perdido cualquier batalla mediática. Y el independentismo cree que toda oposición a su voluntad es fascismo.

Como Puigdemont sabe también, si de verdad se hubiera suspendido la autonomía y el autogobierno, y algunos creemos que hace tiempo que debía haberlo sido, su llamamiento a que la gente salga a votar el 1 de octubre no tendría ningún sentido. Pero la realidad es que el Gobierno de España, encabezado por su presidente Rajoy, ha tenido una paciencia muy superior a la de muchos de nosotros y en un contexto de debilidad parlamentaria ha conseguido hasta ahora medir sus pasos e ir cercando por medio de jueces y fiscales la actuación sediciosa de la Generalidad. Suerte tienen de que la sedición ya no conlleve la pena de antaño.

Los independentistas están convencidos de que ganarán, yo pienso que la abrumadora visita de la realidad les aplastará. A partir de ahí, habría que empezar desde cero: retirar todas las competencias de autogobierno, especialmente las de Educación, Orden Público y Medios de Comunicación, que han constituido su aparato de propaganda sediciosa. Y no volverlas a entregar hasta que se demuestre lealtad a la Nación española, así como la prohibición de partidos secesionistas, como se prohíbe en los ordenamientos constitucionales de otras naciones nada sospechosas, como Francia (art. 89), Italia (art. 126), Alemania (art. 21), Noruega (art.3), Suiza (art.53), Estados Unidos (Tribunal Supremo “La Constitución, en todas sus disposiciones, vela por una Unión indestructible, compuesta de Estados indestructibles”), y muchas otras naciones como Lituania, Estonia, Brasil, Perú… España y su gobierno deberían aplicar todas estas medidas para evitar más episodios en el futuro.

 

¿Impredecible o equivocado?

Me temo que este va a ser un artículo incendiario. De los que seguro recibiré algún que otro improperio. Visto lo ocurrido en los últimos días en los Estados Unidos, me parece bastante evidente que en pocas naciones occidentales sigue, por desgracia, tan presente la lacra del racismo como en EEUU. Los historiadores destacan que no es sólo un aberrante sentimiento compartido por algunos segmentos de la población, sino que ha sido un factor estructural en la formación económico-social del país desde antes incluso de su fundación, que hoy aún se manifiesta, aunque sea bajo formas muy distintas. El propio Obama, hasta ahora único presidente afroamericano de EEUU, acabó su mandato expresando su impotencia por lo poco que durante el mismo se había avanzado para reducir la brecha de la desigualdad y el odio racial.

Los EEUU constituyen hoy día una sociedad crecientemente polarizada, con el peligro que ello representa. Aunque en el país hoy todas las leyes consagren la igualdad y, desde las grandes luchas de los años 60 se hayan producido extraordinarios avances en el campo de los derechos civiles, el racismo y la discriminación siguen siendo heridas abiertas. Los EEUU tiene un serio problema con el auge de los movimientos supremacistas de ultraderecha. Y por ello es muy lamentable la ambigüedad con la que Trump condenó lo sucedido, atribuyendo la culpa “a muchas partes”, sin apuntar directamente a los supremacistas blancos. El presidente ha enfurecido por igual a republicanos y demócratas. Y vuelve a demostrar su incapacidad para ejercer el liderazgo moral que corresponde a su cargo.

Después de estos acontecimientos y tras tan sólo siete meses de mandato, la brecha entre los republicanos y su presidente empieza a ser insalvable. La rectificación de Donald Trump al valorar los disturbios de Charlottesville, con un nuevo guiño a los supremacistas blancos, sólo minutos después de haber arremetido contra ellos, ha tenido aún más impacto que su equidistante reparto de culpas entre extrema derecha y extrema izquierda la noche de los enfrentamientos racistas. Los dos expresidentes Bush, George H. W. y George W., salieron al paso de la rectificación con un comunicado conjunto: “América debe rechazar siempre el fanatismo racial, el antisemitismo y toda forma de odio”. El rechazo de los senadores es absoluto, incluidos los que más han apoyado a Trump, a quien reprochan una falta de liderazgo moral, “está dividiendo a los americanos, en lugar de unirlos”, como denunció el senador Lindsey Graham. La frase del presidente “también hay gente buena entre los supremacistas blancos ha resultado demoledora para el Partido Republicano.

Trump está perjudicando a la Casa Blanca: ha provocado la desbandada en bloque de las compañías que integran el consejo industrial asesor, quien se vio forzado ayer a su disolución. El impacto del inédito comportamiento de un presidente frente a los grupos racistas de Estados Unidos amenaza directamente a su propia agenda. La enorme distancia entre la Casa Blanca y los congresistas republicanos hace cada vez más difícil que las iniciativas del presidente puedan salir adelante en el legislativo. El fracaso con el Obamacare fue el primer aviso. El empeño de Trump en ser conciliador con los racistas amenaza sus propuestas de reducción de impuestos y el plan de infraestructura que acaba de remitir.

La tragedia ha colocado a Trump ante un espejo incómodo. La idea de una América post-racial, que se acarició cuando por primera vez un afroamericano llamado Barack Obama llegó a la Casa Blanca, la de una era en la que la cuestión de la raza pasaría a un plano secundario, se ha desvanecido. El presidente Trump ha enfatizado repetidamente el valor de ser “impredecible”, y ha establecido un patrón de realizar comentarios que le hacen parecer a veces desquiciado. Él parece creer que este comportamiento va a persuadir tanto a los aliados como a los adversarios, quienes harán lo que él pide o necesite, por temor a que este hombre irracional e impulsivo haga algo terrible. Está equivocado. Con estas actuaciones puede llegar a ser un presidente fallido. El fuego y la furia es un boomerang que arrasa con todo y con todos.

Corea del Norte: ¿por qué esta escalada ahora?

Contraviniendo la tradicional mesura y diplomacia con la que los presidentes de EEUU han hecho frente al delicadísimo problema de Corea del Norte, Donald Trump se ha enzarzado en un duelo verbal con el régimen norcoreano que mantiene en alerta a toda la comunidad internacional. La advertencia de Trump de que desencadenará “un mar de furia y fuego jamás visto” ha exaltado al líder norcoreano, ya de por sí persona de comportamiento errático y bastante fácil de excitar.

 El pasado 4 de julio, día de la Independencia americana, Kim Jong-Un, líder norcoreano, anunció un “regalo para los bastardos norteamericanos”: el ejército norcoreano probó con éxito un misil intercontinental capaz de alcanzar el territorio de los EEUU, y así lo anunció el pasado martes la televisión estatal norcoreana (KCNA), que informó de que Kim Jong-un presenció el lanzamiento. Desde entonces se han sucedido las provocaciones y las advertencias de un bando a otro, como si fuera una carrera por pronunciar la última palabra, cada vez más fuerte y agresiva. La estrategia de Trump de mantener la máxima tensión, quizá como la forma de sacar a China de la inacción con Pyongyang, se muestra cada vez más singular. En medio de la escalada de tensión entre EEUU y Corea del Norte, el presidente Donald Trump recuperó su retórica bélica y redobló el tono de sus amenazas contra el régimen de Pyongyang: “Deberían estar muy, muy nerviosos.

Como broche final, el “amado líder” del último régimen estalinista del planeta, Kim Jong-Un, hizo pública su intención de lanzar un ataque contra la isla de Guam, isla arrebatada por los EEUU a España en 1898 y donde EEUU mantiene un contingente de más de 3000 soldados. El “amado líder” norcoreano no se limitó solamente a anunciar sus pretensiones, sino que presentó un exhaustivo plan militar en el que se detallaban todos los pormenores del hipotético ataque. Echaba de este modo más leña al fuego de su choque verbal sin precedentes con los EEUU. Corea del Norte amenazó con “un mar de fuego” a Washington por las duras sanciones económicas en su contra aprobadas por el Consejo de Seguridad de la ONU.

Por primera vez en mucho tiempo, los mercados internacionales dan signos de preocupación por la escalada de la amenaza norcoreana. Aunque el equilibrio de tensión ha alcanzado un punto no visto nunca antes, muchos expertos dudan de que efectivamente vaya a desencadenarse un conflicto militar que no beneficiaría a ninguna de las partes. Para Corea del Norte una guerra contra EEUU equivaldría a firmar su desaparición como país. Para EEUU supondría un gravísimo deterioro de las relaciones con sus aliados en Asia, fundamentalmente Japón y Corea del Sur, que serían quienes lo pagarían muy caro en vidas humanas. Parece que el régimen de Kim Jong-un se ha instalado en una huida hacia adelante tan alocada, como es el talante de su “amado líder”, que le impide calibrar hasta dónde puede tensar la cuerda sin provocar una catástrofe. No ya sólo por estas amenazas tan directas a EEUU, de producirse un ataque a su territorio, se desataría una guerra instantánea que supondría el final del régimen estalinista y hereditario de los Kim, pero que causaría muchas víctimas en países vecinos y aliados como Corea del Sur o Japón.

 Durante años, la Casa Blanca ha tratado de distender la tensión, impulsando vías de negociación a varias bandas, aunque sin éxito, en honor a la verdad, e instando a China a ejercer su influencia sobre Pyongyang. Las sanciones que se le venían imponiendo al régimen eran relativamente limitadas y Washington aplacaba el temor de sus socios en la región, Seúl y Tokio, reforzando las alianzas militares y los sistemas de defensa. Pero la Administración Trump parece decidida a ir más lejos.

Corea del Norte ha realizado cinco ensayos nucleares. Eso es realmente mucho. Algunos analistas expertos en Corea del Norte como Jeffrey Lewis de Foreign Policy, asegura que “algunos de mis colegas todavía piensan que Estados Unidos podría persuadir a Corea del Norte a abandonar, o al menos congelar, sus programas nucleares y de misiles. No estoy seguro. Sospecho que podríamos tener que conformarnos con tratar de reducir las tensiones para que vivamos el tiempo suficiente para resolver este problema. Pero sólo hay una manera de averiguar quién tiene razón: Hablar con los norcoreanos. No hay alternativa. Las otras opciones son básicamente terribles.”

La suerte que tenemos es que las amenazas no son para sus adversarios sino para sus seguidores, lo que garantiza la paz. Siempre me ha fascinado ese mundo cerrado de los Kim, ya que todo me parece aberrante. Tipos capaces de creer que Kim Jong Il, padre de Kim Jong-un, nunca defecó, como afirma su biografía. O que era capaz de hacer once hoyos de golf de un solo golpe, o que publicó 1.500 libros y las tres mejores óperas del mundo en tres años. Pero lo cierto es que una dictadura no es un lugar en el que el pueblo se cree un montón de estupideces, sino en el que no puedes decir que no te las crees. Está claro que el hermetismo que se le atribuye a Corea del Norte contrasta con tantos detalles ridículos que nos dan los biógrafos sobre sus líderes.

A pesar del desastroso estado en que se encuentra la economía norcoreana, algo mejor que en los años 90, cuando el país llegó a sufrir una terrible hambruna, el régimen utiliza ampliamente la propaganda militar y explota su papel de víctima para enmascarar la miseria, las violaciones continuas de los derechos humanos y la falta de libertades de la población. Y las autoridades norcoreanas son conscientes de que las armas nucleares son la única opción que tiene el país para contrarrestar la asimétrica relación con sus rivales.

Mientras crece la preocupación por un posible conflicto bélico sin precedentes, que alinea a las principales potencias entre las críticas con el lenguaje de Trump, como Alemania, con la canciller Merkel al frente, y las que le apoyan, como el Reino Unido, la anteriormente española isla de Guam, se sitúa en el peor de los supuestos. Aunque de momento, como ha dicho el secretario de estado norteamericano, Rex Tillerson, dado su talante menos provocador, y basándose en los analistas expertos, “los americanos pueden dormir tranquilos”.

Horas críticas en Venezuela

 

La descomposición del chavismo avanza a pasos de gigante. En estas últimas horas, la dictadura cleptocrática que encabeza Nicolás Maduro suma el descrédito al más grande los ridículos: la revelación de que el recuento de los votos a la Asamblea Constituyente fue manipulado deja al régimen en una situación insostenible. Lo que pretendía ser el principal argumento para legitimar su mantenimiento en el poder se ha convertido ya en la demostración indiscutible de que no puede permanecer al frente de Venezuela ni un minuto más. Si la comunidad internacional había optado por no reconocer los resultados de las elecciones al ser claramente inconstitucional lo que se estaba aprobando, el anuncio de que el escrutinio fue alterado, declarado nada menos que por la compañía encargada de supervisarlo, arruina todos los planes del tirano para aferrarse al poder. Al contrario, acumula un delito más a la lista de crímenes por los que merecería responder ante un tribunal internacional.

Las cifras de participación en las elecciones de la Asamblea Constituyente de Venezuela fueron manipuladas por al menos un millón de votos, según informó Smartmatic, la empresa que trabaja desde 2004 en el país observando los procesos electorales: “Sabemos, sin ninguna duda, que el dato de participación de las recientes elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente fue manipulado”, dijo el CEO de Smartmatic, Antonio Múgica en una rueda de prensa en Londres: “Estimamos que la diferencia entre la participación real y la anunciada por las autoridades es de al menos un millón de votos”.

Esa misma mañana, la agencia Reuters ya había dado la voz de alarma sobre la disparidad en el dato de participación: según datos internos del Consejo Electoral a los que había tenido acceso, sólo 3,7 millones de personas habían votado a las 5:30pm en las controvertidas elecciones a la Asamblea Constituyente de Venezuela. Según el gobierno de Maduro, fueron en total 8,1 millones de personas los que acudieron a las urnas.

Nicolás Maduro y sus seguidores más radicales amenazaban antes de la Constituyente del domingo con aplastar a la oposición y eliminar la inmunidad parlamentaria. Dicho y hecho. Tan solo unas horas después de consumar su golpe a la Asamblea Nacional, agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) irrumpieron en los domicilios de dos de los principales líderes opositores, Leopoldo López, líder de Voluntad Popular, y Antonio Ledezma, alcalde de Caracas, para revocar su arresto domiciliario y llevarlos de vuelta a una prisión. Hasta ahora no se sabe dónde están. Ledezma es una de las personalidades más críticas con el régimen de Maduro.

Como denunció en el diario español ABC la esposa del dirigente opositor Antonio Ledezma, a Nicolás Maduro no le queda ya más argumento que la fuerza, la cruda represión contra la inmensa mayoría de los ciudadanos de Venezuela, que han hecho todo lo posible, dentro de los estrechos márgenes que les dejaba la dictadura, para reclamar pacíficamente sus ideas. Después de la ruptura del orden constitucional, el dictador no tiene defensa posible. Las palabras de condena y de rechazo del mundo entero contra sus intentos de subvertir la legalidad para aferrarse cínicamente al poder no son sino la constatación de lo que los venezolanos llevan denunciando y padeciendo desde hace más de una década. El chavismo, el socialismo bolivariano, o como quiera que se llame el proyecto revolucionario que se ha estado perpetrando allí, no era más que una carretera de dirección única hacia el totalitarismo, de modo que finalmente el país entra, de manera oficial, en la dictadura que ya venía siendo de facto. Ya no hay, pues, votos con los que se pueda lograr el cambio político que la mayoría de venezolanos sigue reclamando en las calles, con más de 120 muertos como resultado de las protestas. Solo cabe ya una salida a la fuerza.

Ya se ha puesto de manifiesto, sin ningún disfraz, de forma definitiva, de qué trataba la utopía que ha arruinado uno de los países más ricos del mundo y que en sus últimos momentos se resume en el patético escenario de un dictador empeñado en mantenerse en el poder por la fuerza, aplastando a los ciudadanos y deteniendo a los líderes opositores. El Castrochavismo será recordado como autor de un milagro económico a la inversa: convertir en miserable al país más rico de América no es hazaña de todos los días. Ha creado tanta pobreza que a diario tiene que pelear la gente a dentelladas, por una bolsa de leche, por un kilo harina o por un pedazo de carne. En esa frenética carrera hacia el desastre, el gobierno Castrochavista tuvo que proceder a la eliminación paulatina de todas las libertades, del pensamiento y la conciencia, a la ruina de las instituciones, del periodismo, de los partidos, de la universidad, de los sindicatos. Pues todo se ha cumplido tras el designio implacable de los ancianos inspiradores del sistema, Fidel y Raúl Castro, que una vez más han demostrado su audacia, su carencia total de consideración y respeto por los valores más importantes de la especie humana, pero también su falta absoluta de talento.

Nicolás Maduro tiene poca inteligencia y un pobre talento político que muestra en cualquiera de sus discursos. Pero a fin de cuentas es un pobre rehén de los intereses inconfesables de la clase corrupta que ha llevado a Venezuela a su perdición, liederada por los Castro y el narco Diosdado Cabello. Si ese títere fuera libre, hasta de sus menguadas condiciones de estadista pudiera esperarse algún acto de rectificación, algún gesto de apaciguamiento, alguna voluntad de comprender el desastre y de corregirlo. Pero Maduro es el primer esclavo de los saqueadores de esa gran nación, que no están dispuestos al menor cambio. El régimen de Venezuela se va a caer, porque se tiene que caer. No podría subsistir sino amordazando totalmente al pueblo, imponiendo cartillas de racionamiento, levantando un paredón. Y no se dan las condiciones para que el mundo soporte estas afrentas. Una Cuba es suficiente para América.

El pueblo está en las calles, dispuesto a hacerse matar. Y lo están matando. La juventud estudiantil, que sabe que no tiene futuro, no tiene miedo y no va a permitir el continuismo cobarde. Los empresarios lo perdieron todo hace rato. Y los paniaguados del sistema ven con horror que el sistema ya no tiene mercados para comprar sus conciencias. Para aquellos cómplices con esta ignominia que establecen una torpe equidistancia con los gobiernos que antecedieron al chavismo no tienen más que contemplar el escenario devastador de un país cuya economía ha sido consumida por una fiebre corrupta mil veces más perversa que la registrada en los peores tiempos del régimen anterior. Y ante los que insisten en advertir de que las sanciones no tendrán ningún efecto que no sea perjudicar a los ciudadanos, cabe recordar que lo que piden los manifestantes no es solo libertad, sino también comida y bienes de consumo básicos, que han desaparecido del comercio, y no a causa de las sanciones, sino de la catastrófica gestión de este narco régimen y sus cómplices cubanos. El régimen corrupto y asesino Castrochavista ha demostrado que está dispuesto a cualquier cosa para mantenerse en el poder y eso significa que asesinará a más personas. El mundo debe hacer todo lo posible para acabar cuanto antes con Maduro.

España y la deslealtad catalana

 

Hoy voy a escribir sobre mi país. Recientemente ha visitado Madrid el ministro de Arte y Cultura de Sudáfrica, Nathi Mthethwa. El objetivo de esa visita ha sido preparar una exposición de artistas sudafricanos que tendrá lugar próximamente en el Museo de arte contemporáneo Reina Sofía, reunirse con el gobierno español y participar en un homenaje a Nelson Mandela, que se celebra en Madrid. Mthethwa ha declarado, “Queremos aprender de los españoles, quienes han logrado que su cultura sea una marca reconocible en todo el mundo, la cultura española es mundialmente conocida y reconocida. Nosotros queremos conseguir lo mismo.”

Mientras desde fuera admiran nuestra cultura y herencia histórica, en España seguimos a vueltas con la cuestión catalana. Mientras la causa del denominado “Proceso para la independencia” cuenta con el apoyo de Yoko Ono, !gran personaje!, quien así lo ha manifestado recientemente, un número importante de intelectuales y artistas catalanes se manifestaron en los últimos días sobre el Proceso. Todos ellos han tenido una gran influencia en la literatura, la música o el teatro español de las últimas décadasy por lo tanto gozan de una gran influencia social. Es interesante conocer lo que dicen, porque ayuda a comprender las razones de que en España esté a punto de desencadenarse una grave crisis institucional y civil. De las 15 personas entrevistadas, solo la escritora Núria Amat alude correctamente al nacionalismo, a su capacidad de manipulación y a sus mentiras, y a su tóxica responsabilidad. Los demás eluden su señalamiento.

También el actor y dramaturgo catalán, Albert Boadella, ha escrito un interesante artículo sobre esta cuestión esta misma semana. En dicho artículo manifiesta como en España desde los 80 se había iniciado un proceso descentralizador único en Europa. La Constitución española ha estructurado el Estado en forma de Autonomías y concretamente Cataluña, tiene traspasadas la mayoría de competencias del Estado. Un Estado que declara el catalán como lengua oficial de Cataluña, marginando al español y a la cultura española y la dota de parlamento propio con las atribuciones de enseñanza, policía, sanidad, obras públicas, urbanismo, radio, televisión, entre otras. El Gobierno nacionalista catalán ha utilizado sus atribuciones en materia educativa para adoctrinar a dos generaciones de jóvenes en el odio a todo lo español. Bajo la tergiversación de la historia y la exaltación de la superioridad catalana frente a España, se ha inculcado desde la infancia el virus de la xenofobia. El dinero público se ha manejado también para subvencionar los medios de comunicación privados catalanes con la finalidad de obtener su adhesión a la causa nacionalista.

El nacionalismo crece siempre creando un enemigo común. Su propagación se realiza mediante la creación de una paranoia general, en este caso, contra España. También lo hace contra el disidente interior que rápidamente es acusado de traición. Esta persistente política de enfrentamiento, ha provocado además la división entre la propia sociedad catalana en la que una parte de ésta desprecia y margina a los que se atreven a manifestarse contrarios a la deriva separatista. La discordia entre organizaciones, familias o amistades, se ha convertido en algo común durante los últimos tiempos.

Es casi un lugar común de los constitucionalistas catalanes y del resto del España la acusación a los dos grandes partidos españoles, tanto de izquierda como de derecha, por no haber afrontado desde hace años, un combate intelectual y político de deslegitimación del nacionalismo. Desde luego.  ¿Pero qué decir de la ´intelligentsia´ más directamente afectada por él? Lo que hoy hacen algunos de los intelectuales es lo que han hecho siempre: contemporizar con una ideología siniestra, justificarla de alguna manera. Lo que la gran mayoría de ellos no quiere advertir en el Proceso es, justamente, esta elementalidad radical: una parte considerable de los catalanes, liderados por un gobierno moralmente corrompido, han elegido el camino xenófobo y se niegan a convivir con el resto de españoles. Es probable, además, que el hecho de reconocer la implícita xenofobia nacionalista les obligaría a dejar de ser equidistantes.

El presidente francés Mitterrand afirmó que el nacionalismo es la guerra. Lo describía así porque Europa ha conocido en su propia carne las trágicas consecuencias de instigar este impulso alienta la insolidaridad, la xenofobia y la destrucción den contrario. La Unión Europea nació para evitar en el futuro los brotes disgregadores que acaban conduciendo irreversiblemente al enfrentamiento. En los últimos tiempos, la extrema derecha europea reaparece bajo la incitación ultranacionalista que impulsa cerrar las fronteras propias para filtrar cualquier intrusión foránea. En este sentido, el nacionalismo catalán se equipara con esta extrema derecha emergente: es la región rica que no quiere el lastre de territorios españoles menos prósperos. Ese es el núcleo de sus objetivos, el separatismo insolidario y disgregador intentando romper y poner fronteras a una España democrática organizada bajo un sólido principio de libertades.

Nuestra joven democracia española ha tenido que soportar el lastre del nacionalismo vasco y catalán a lo largo de su camino de progreso y libertad. Un lastre teñido de mucha sangre y dolor, y de la presión constante para sacrificar la igualdad de los españoles en aras de unas falsas diferencias étnicas. Aunque en el trasfondo planea siempre la sombra del chantaje para la obtención de privilegios económicos, en realidad lo único que les importa.

Prohibido olvidar

 

Los venezolanos demostraron de forma masiva el domingo pasado al presidente Nicolás Maduro que no es posible solucionar el desastre económico e institucional que vive el país si no es mediante una solución dialogada que pase por el respeto a la legalidad. Que más de 7,5 millones de personas vencieran el miedo a la violencia y volvieran a convertir las calles en una manifestación contra el régimen es una señal clara del momento que se atraviesa. La oposición a Maduro anunció la creación de un gobierno paralelo de Unidad Nacional y una huelga general que se está celebrando en el día de hoy y que está paralizando el país

Desgraciadamente hay que contabilizar otras dos víctimas mortales que cayeron cerca de un centro de votación por disparos de escuadrones paramilitares. Estos operan habitualmente en el entorno del chavismo. Las dos personas fallecidas acercan a 100 el número de muertos desde que comenzaran las protestas diarias contra Maduro y su gobierno por su decisión de convocar elecciones para crear una asamblea que, dado el sistema de candidaturas y de designación, sería completamente dócil al gobernante chavista y acabaría de una forma definitiva con cualquier atisbo de democracia.

Mientras tanto, es una alegría haber conocido que un centenar de congresistas colombianos y chilenos han presentado esta semana ante la Corte Penal Internacional con sede en La Haya, una denuncia contra el presidente venezolano, Nicolás Maduro.  El Tribunal de La Haya juzga delitos que afectan a la comunidad internacional: genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

El escrito, dirigido a la fiscal Fatou Bensouda, se basa en informes de organismos internacionales, entre los que se encuentran algunas agencias de Naciones Unidas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, informes de varias ONG e información oficial de la propia Venezuela. Dicho informe aporta pruebas que acusan al sucesor de Hugo Chávez de haber sido partícipe de graves violaciones al derecho internacional a partir de 2008, cuando era ministro de Exteriores del gobierno de Hugo Chávez. Se le atribuye también la comisión de crímenes de derecho internacional más concretos, desde que fue elegido en 2013. La iniciativa ha sido respaldada por representantes de formaciones de distintos colores políticos y busca que la Fiscalía de La Haya abra en primer lugar, una observación en Venezuela. Venezuela firmó el Estatuto de Roma en 1998 y por tanto acepta la jurisdicción de la CPI.

Las acusaciones que formula la denuncia son ocho:  En primer lugar, el crimen de asesinato por instigación directa e indirecta: “Entre los años 2013 y 2017, se ha dado muerte en Venezuela a personas que se manifestaron en situaciones concretas, o mediante el ejercicio de sus derechos humanos, en contra de políticas, medidas u omisiones imputables al gobierno venezolano”.  En segundo lugar, los denunciantes le imputan una “imposición de ciertas condiciones de vida, entre otras la privación del acceso a alimentos o medicinas, con la intención de causar la destrucción de parte de una población”. Un delito que califican como exterminio y que entienden “estrechamente relacionado con el genocidio, ya que ambos se dirigen contra un gran número de personas”.

En tercer lugar, deportación o traslado forzoso de población, llegando a utilizar la fuerza física o a través de amenazas. Los otros cargos recogidos en el escrito de 56 páginas, sin incluir los documentos aportados para la prueba, son encarcelación de opositores; tortura; persecución de un grupo o colectividad con identidad propia, en referencia a los críticos con el chavismo; desaparición forzada de personas e incluso el crimen de apartheid, es decir, actos inhumanos cometidos en el contexto de un régimen institucionalizado de opresión contra una parte de la población.

La crisis institucional y humanitaria que atraviesa el país, se recrudeció cuando el Tribunal Supremo de Justicia suspendió a finales de marzo de forma arbitraria y propia de una dictadura que es lo que se ha convertido prácticamente ya Venezuela, las competencias del Parlamento, de mayoría opositora. Ese parlamento fue fruto de la última ocasión en que se ejerció la democracia en Venezuela. Esa decisión originó una ola de protestas que aún no se ha detenido. En los últimos tres meses y medio han fallecido alrededor de cien personas, ha aumentado la presión de la comunidad internacional, el chavismo está dividido, la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, se ha convertido en un símbolo de la resistencia al Gobierno. Pero Maduro no está dispuesto a renunciar a las elecciones de una Asamblea Nacional Constituyente, convocadas para el 30 de julio con unas reglas del juego arbitrarias que, ideadas y organizadas por la inteligencia cubana, favorecen al oficialismo. Todo lo que sucede en Venezuela tienen origen e inteligencia en La Habana. Y Venezuela se convertirá en otra Cuba sino se detiene a su todavía presidente.

Los hechos que están ocurriendo en Venezuela espero que obliguen a la Fiscalía de la Corte Penal Internacional a poner a Venezuela en observación. El segundo objetivo es que la fiscalía pueda abrir una investigación formal a Nicolás Maduro. Los Gobiernos de América Latina se han quedado en las formas de condena multilaterales, pero ninguno ha realizado ninguna acción para acabar con la situación, de hecho, algunos países han apoyado a Maduro, véase Cuba, Nicaragua, Bolivia, Argentina durante el gobierno de los Kirchner, o Ecuador.

Hay que hacerle saber a Maduro que, si sigue adelante, su régimen sufrirá sanciones internacionales. No debe ser el pueblo venezolano el único que pague los platos rotos. Como dijo recientemente en Madrid el cantante y político panameño Rubén Blades, ¡Venezuela no olvidará!

La grieta se agranda

La reunión que mantuvieron en junio de 2016 el hijo mayor de Donald con una abogada rusa que le prometió información tóxica sobre Hillary Clinton vino marcada por el mismo Kremlin. En un correo electrónico, el hijo mayor del entonces todavía candidato republicano fue informado de que el material que se le iba a proporcionar formaba parte de un esfuerzo del Gobierno ruso para apoyar a Trump. La revelación, adelantada por el New York Times y sostenida por tres otras fuentes, estrecha aún más la sospecha de connivencia entre el equipo electoral republicano y Moscú.

Esta supuesta colusión es la piedra de toque de la investigación que encabezan el FBI y el fiscal especial Robert Mueller. Su base es el informe elaborado por las tres principales agencias de inteligencia de los EEUU (CIA, FBI y NSA), informe que establece que el presidente ruso, Vladímir Putin, ordenó a su servicio secreto una operación para interferir en los comicios estadounidenses, dañar la imagen de Clinton y facilitar el triunfo de Trump. El ataque supuso el saqueo de los ordenadores del Partido Demócrata y de los correos del jefe de campaña de Clinton. El material fue posteriormente filtrado a WikiLeaks.

La reunión con la abogada rusa se celebró cinco meses antes de las elecciones, justo en el apogeo de ataque ruso. Trump Jr. mantiene que su padre jamás fue informado de la reunión, pese a que asistieron en plena contienda electoral su hijo mayor, su yerno y su jefe de campaña. También levanta sospechas la facilidad con la que decidieron recibir información tóxica del Kremlin contra un rival. Trump Jr. ha intentado salvar este escollo señalando que actuó como cualquier político en campaña.

Mientras tanto, la semana pasada durante la cumbre del G-20, la cumbre del jueves entre Donald Trump y Vladimir Putin en el G-20 tuvo el mismo sentido desde el punto de vista económico que si el presidente de Estados Unidos se hubiera reunido durante dos horas y 16 minutos con el presidente de Bolivia. Ósea, ninguno. Una superpotencia militar con un país de economía tercermundista. Eso es Rusia.  Y sus perspectivas económicas son muy malas porque su estructura económica es la de un país del Tercer Mundo. Exporta petróleo, gas natural y otras materias primas, e importa todo lo demás. Lo único que rompe esa dinámica son las ventas al exterior de material militar, en gran parte heredado de la industria de la antigua Unión Soviética, por lo que cada vez tiene menos mercados y depende de compradores menos fiables que estén interesados en sus antiguallas. Ahora venden mucho en Nicaragua, por ejemplo.

Que un país con la esperanza de vida de Bolivia y la riqueza por habitante de Grecia juegue el papel de Rusia en el mundo debería ser motivo de tesis doctorales. Porque la comunidad internacional sigue aceptando a Rusia como una gran potencia, heredera de la Unión Soviética. La influencia de Moscú se debe precisamente a esa herencia de la URSS. Una herencia que incluye un formidable aparato de defensa, espionaje y seguridad, en el que Vladimir Putin hizo su carrera. El resto, es prácticamente nada. Sin esa militarización de la economía, ese país es etéreo, como el gas natural que exporta. Rusia es hoy un país en vías de desarrollo, armado hasta los dientes, y con un Gobierno de ideología ultranacionalista. Un país con 7.000 bombas atómicas que combina el hipernacionalismo político y tercermundización económica es, claramente, un peligro. Y lo es porque los tres factores se retroalimentan. Sin nacionalismo, el status quo económico y el militarismo no tienen sentido. Pero sin embargo Trump le da importancia, la que no tiene.

El encuentro entre Vladimir Putin y Donald Trump, que iba a durar media hora, duró dos horas y media y no hubo ninguna queja estadunidense por la intervención rusa en las elecciones de noviembre. No se esperaba otra cosa a ese respecto. Importante es el acuerdo de alto al fuego en Siria que los demás miembros del resto del G20 no saben en qué consiste ya que no fueron informados; también decidieron crear una suerte de nube protectora en el ciberespacio que le da a Putin un enorme triunfo político, ante el desconcierto europeo general. En la declaración final sobre medio ambiente, la votación fue de 19 a uno: todos difirieron de los Estados Unidos respecto al calentamiento global. En temas comerciales, Trump se mostró el más proteccionista de todos los demás participantes. Mientras se reunía el pleno del G20, Trump se levantó una y otra vez de la mesa y su lugar no lo ocupó el secretario de estado, Rex Tillerson, sino su hija Ivanka, que no tiene ninguna función de representatividad gubernamental: es una grosería y una falta de sentido diplomático, político y de respeto a los demás participantes.

Por el momento no existe un análisis demasiado sofisticado de qué es la administración Trump, de sus usos y costumbres para hacer política. No lo comprendemos, como tampoco entendemos los intereses que están detrás de ella. Se puede intuir que las provocaciones y tuits de Trump sirven para su agenda interna, para ajustar cuentas personales y para ocultar sus verdaderas políticas. Dejarse guiar por los tuits y los excesos es un error y es, paradójicamente, lo que más conviene a los intereses que lo llevaron a la Casa Blanca. Pero seguimos sin entender lo que ocurre entre Trump y Putin, y lo que vamos sabiendo no huele bien. Lo ocurrido con su hijo, la reunión larguísima con Putin, estrecha aún más la sospecha de connivencia entre el equipo electoral republicano y Moscú. La grieta se agranda, así como el escándalo.

LOS AMIGOS SE VISITAN

 

Cuando el 23 de junio de 2016 los británicos decidieron apoyar el Brexit y dar la espalda al proyecto europeo, Donald Trump vio respaldada su iniciativa proteccionista en el momento más conveniente durante su campaña electoral.  En plena euforia, el primer candidato anti-establishment de la historia reciente norteamericana pronosticó que otros países europeos seguirían la estela del Reino Unido. A su entender, estábamos asistiendo al proceso de desintegración de la Unión Europea. Idénticos sentimientos que comparte con el presidente ruso, Vladimir Putin.

Puede que Trump confundiera entonces el deseo con la realidad, pero, cuatro meses y medio después de llegar a la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos dio un giro a la tradicional política exterior norteamericana intentando poco a poco deshilachar los principales lazos trasatlánticos. Pura continuidad de lo que se proponía en campaña. Primero fue el puñetazo en la mesa de la OTAN: cuestionó su sentido actual y exigió a los aliados que cumplieran con su obligación de aportar el 2% de su PIB al gasto militar. El neo nacionalismo estadounidense, alimentado por el extremista diario digital Breitbart News propiedad del asesor de Trump y hombre de confianza, Stephen Bannon, ha respaldado las opciones populistas europeas que podrían haber contribuido a poner patas arriba el orden establecido, apoyando a la francesa Marine Le Pen y al holandés Geert Wilders. Igual que su amigo Putin, que incluso los ha apoyado económicamente.

Después vino el carpetazo a las negociaciones para un acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y la UE que produjo de una manera casi natural. Por último, la salida del Acuerdo del Clima de París ratificó el alejamiento de Trump de cualquier colaboración multinacional. El acuerdo de París, o COP21, fue firmado en diciembre de 2015 tras décadas de negociaciones. Técnicamente no es un tratado vinculante, precisamente por la cerrada oposición del gobierno estadounidense (entre otros) a que fuese de obligado cumplimiento: según el acuerdo los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero son establecidos por cada país de forma independiente.  Según las estipulaciones firmadas sólo puede iniciarse el proceso de salir del acuerdo en noviembre de 2019 y el proceso incluye un año de demora, por lo que la salida no será efectiva antes de 2020.

Trump se ha planteado desde el principio sustituir los grandes pactos transnacionales en los que participa Estados Unidos por acuerdos bilaterales, con el objetivo de rebañar el mayor beneficio a cada uno de ellos.  Ya lo ha intentado con Theresa May, y hasta se lo propuso a Merkel, quien lo rechazó, lo que le valió algún que otro improperio.

Donald Trump y Vladimir Putin mantendrán esta semana una reunión bilateral durante la cumbre del G-20 de Hamburgo. Al final los amigos se verán las caras.  El momento tenía que llegar. Parece que comparten muchos intereses y tienen muchas cosas en común. Habrá bastante tiempo para la conversación y discusión. Nunca se han visto y entre ellos fluye una electricidad insólita, casi mutua fascinación. Un encuentro que en cualquier otro caso entraría en la normalidad diplomática, pero que ante los dos machos alfa de la política mundial adquiere aires inquietantes.

El cara a cara con Putin ha sido desaconsejado por los asesores. El poderoso sector militar de la Casa Blanca desconfía abiertamente de Rusia. Y los servicios de inteligencia consideran sin asomo de duda que el Kremlin es un enemigo hostil que orquestó una campaña de desprestigio contra Hillary Clinton durante las elecciones. Una injerencia destinada a favorecer a Trump y que alimenta hasta la actualidad un gran escándalo en Washington: la trama rusa.  Trump, ya mostró eufórico esa debilidad, comunicando al ministro ruso de exteriores información secreta sobre terrorismo durante su visita en mayo. El desliz no se ha olvidado y es por ello que la Casa Blanca teme el espinoso escándalo ruso.

Para el presidente Trump, el punto neurálgico debería ser Siria y la lucha contra el terrorismo del Daesh. Ahí espera lograr avances. A su favor juega que los rusos buscan un diálogo estable e insisten en que se les retiren las sanciones, incluidas las impuestas por Obama por injerencia electoral. No es algo que esté en manos de Trump después de la decisión casi unánime del Senado de blindarlas. Pero no cabe duda de que a Putin le conviene tener acceso a un personaje que públicamente le ha manifestado su admiración. Alguien que en plena campaña electoral pidió que continuara jaqueando los correos de su rival. En Hamburgo, frente a frente, lo podrán recordar divertidos.

Parece que por ahora se les resiste el objetivo europeo, aunque hayan logrado convencer a la mayoría de su electorado que la UE es algo negativo para los intereses de los EEUU.  Detrás de la aspiración antieuropea del presidente norteamericano, Donald Trump, que desafía décadas de alianza y fiel colaboración surgida del status quo tras la II Guerra Mundial, han estado siempre presentes la estrategia y la ideología: el presidente desea dirigir el país como una empresa, y para ello aplica el mismo criterio en política que en la culminación de un buen negocio: debilitar y dividir, para después vencer. Igual que su amigo Putin.